Beethoven en los atriles de la OCG provoca el entusiasmo en el Auditorio Manuel de Falla
La formación musical fue dirigida por primera vez por Philipp Von Steinaecker

Orquesta Ciudad de Granada
Granada - Publicado el
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El músico más popular de la historia ha sido Beethoven y su obra más conocida, la Quinta Sinfonía. Programarla es sinónimo de éxito entre el público. La Orquesta Ciudad de Granada lo ha hecho en numerosas ocasiones y esta temporada la ha vuelto a colocar en sus atriles. Los espectadores, que llenaban las gradas del Auditorio Manuel de Falla, estaban entusiasmados por escuchar una partitura, que seguro gran parte de ellos ya habrían escuchado en varias ocasiones en directo, pero es una obra que siempre emociona.
un debut
En esta ocasión, completó el programa, una obertura de Mozart, la de La clemenza di Tito, y una obra incidental de Richard Strauss, para la obra de Molière, El burgués gentilhombre. Como director estaba el germano Philipp Von Steinaecker, en su primera comparecencia en Granada, quien tuvo un debut convincente, mostrando un evidente dominio del repertorio que se interpretó y una capacidad de liderazgo en torno a la OCG. Pero probablemente todo pase a un segundo plano ante la programación de la Quinta de Beethoven.
mozart y straus
La interpretación de Mozart estuvo impregnada de los valores propios que precisa el clasicismo. Con Strauss, la orquesta supo afrontar una partitura compleja y en la que no faltan los guiños al lenguaje en el que insistió el compositor de Múnich, caracterizado por extremar las posibilidades que oferta una partitura convencional, sin faltar en ocasiones sonidos espectaculares. Pero donde realmente estaba el nudo gordiano del concierto era en el final.
la quinta
Supone un gran reto abordar una obra que la mayoría de los espectadores se saben de memoria, con interpretaciones de referencia y posteriores reescrituras en muchos de los que la escuchan. Gran parte de lo melómanos, como los presentes en el concierto, tienen incluso su propia versión en la imaginación y Philipp Von Steinaecker, lógicamente, la suya, que era la prevista y fue correcta y sin abandonar lo que se espera de esta obra colosal. Hubo momentos de un destacado lirismo y de una fuerza importante en los metales. Sobre todo, el público disfrutó y eso fue lo importante en un gran concierto que entusiasmó a los asistentes.



