El primer propietario documentado de la Virgen de los Reyes fue secuestrado por "los Quero" y el origen de la imagen puede estar en la herencia del Marqués de Falces
La Dolorosa de vestir es titular mariana de la Cofradía del Vía Crucis

La Virgen de los Reyes después de la última restauración realizada por Julio Alcaraz
Granada - Publicado el - Actualizado
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La Cofradía del Vía Crucis se caracteriza por disponer de dos titulares marianas. Son la Virgen de las Lágrimas y la de los Reyes. La primera procede de la Iglesia de San Bartolomé y desde los primero años de actividad de la cofradía participaba en el rezo del Vía Crucis que se realizaba en las primeras horas de la jornada del Viernes Santo en el Albaicín. Fue en 1977 cuando se incorporó a las procesión por la Carrera Oficial. Es una obra anónima del XIX que algunos investigadores atribuyen a Navas Parejo.
la virgen de los reyes en el vía crcis
La Virgen de las Lágrimas fue sustituida para la procesión del Martes Santo por la Virgen de los Reyes, primero en 1990 de manera puntual y desde 2000 de forma habitual. La historia de esta talla es bastante singular. Eduardo Entrala la tenía en su palacio del Paseo de la Bomba, hoy desaparecido, que se ubicaba junto a la actual Delegación de Cultura, ocupando una finca que lindaba con la Cuesta de Escoriaza.
una hererncia familiar
Este personaje fue protagonista de una de las historias más comentadas en la posguerra granadina, puesto que en 1941 fue secuestrado por los hermanos Quero, vinculados con el maquis de Granada, quienes obtuvieron por él un rescate que suponía una cantidad desorbitada para la época: medio millón de pesetas. Tres días permaneció Eduardo Entrala privado de libertad antes de su liberación. Tras su fallecimiento heredó la imagen su hijo Emilio Entrala, quien la trasladó a su nuevo domicilio en el número 28 de la Gran Vía. Finamente pasó por, también por herencia, a ser propiedad a su hija, Enriqueta Entrala, que la cedió a las Hermanitas de los Pobres, quienes la tenían en su residencia. Allí fue vista por primera vez en 1984 por Salvador Cervilla, personaje clave en toda esta historia. Fue de manera casual, puesto que entonces era miembro de la Hermandad de los Ferroviarios , que procesionaba un Cristo propiedad de esta orden religiosa.
iglesia de san juan de los reyes
Cuando en 1989 la Cofradía del Vía Crucis se trasladó a la Iglesia de San Juan de los Reyes, las dimensiones de la Virgen de las Lágrimas, en relación con la portada del templo, aconsejaron su sustitución. Entonces Salvador Cervilla formaba parte de esta corporación y sugirió que fuera la que años atrás había visto en las Hermanitas de los Pobres. La sorpresa fue que en realidad era propiedad de la familia Entrala, muy vinculada con el Vía Crucis, que la tenía cedida. No hubo problemas para revertir esta cesión y pasó a incorporarse al patrimonio de la corporación penitente, tomando su advocación del nombre de la Iglesia donde es estableció la nueva sede canónica de la cofradía.
el palacio de los entrala y el marqués de falces
En el palacio de los Entrala, la Virgen estaba situada en un mueble altar, que incluía un reclinatorio, en una dependencia cercana al dormitorio principal, pero cabe preguntarse cómo llegó allí. Gran parte de los bienes y el mobiliario de este palacio, incluida una capilla, procedían del palacio madrileño de José Carlos Velluti y Tavira, Marqués de Falces, que había contraído matrimonio con la granadina Eloísa Entrala. El matrimonio no tuvo descendencia, pasando el título nobiliario a otra rama de la familia. Entre sus herederos estuvo su sobrino Eduardo Entrala, promotor del palacio del Paseo de la Bomba. Por tanto, una de las tesis que mantienen algunos miembros de la familia Entrala es que la Virgen de los Reyes fuera parte de esa herencia. La tradición familiar también vincula su origen a una compra en un convento malagueño. Ambas posibilidades no son excluyentes. El origen malagueño ha sido posteriormente avalado por los trabajos de los investigadores.
asensio de la cerca
La imagen es una dolorosa de vestir, en su origen un busto, luego convertido por la Cofradía del Vía Crucis en una talla de candelero. Al principio se creía anónima, aunque posteriores investigaciones la atribuyen a Antonio Asensio de la Cerda, escultor que trabajó en Málaga y perteneciente a una familia de artistas de origen murciano que vivió en Granada entre los años 1719 y 1721, estando domiciliada en la casa de Diego de Mora.



