Juegos Olímpicos del Mediterráneo

'Tarraco' y el 'Mare Nostrum' se hermanan en una ceremonia llena de música

Con una año de retraso sobre el calendario previsto, por la inestabilidad política y la falta de financiación, Tarragona 2018 por fin estrenó sus Juegos Mediterráneos con una ceremonia repleta de música y con constantes guiños al 'Mare Nostrum' y a la historia de la ciudad, una de las más importantes de Hispania durante el Imperio Romano.

Juegos del Mediterráneo

Mireia Belmonte llevó la bandera española en el desfile de inauguración. Cordon press

EFE

Tiempo de lectura: 3' Actualizado 11:33

Arrancó puntual (21.00 horas) el espectáculo, con la entrada en el palco de autoridades del rey Felipe VI, el presidente del Gobierno, Pedro Sánchez, y el presidente de la Generalitat, Quim Torra, quien mantuvo oculta, hasta última hora, su decisión de asistir al evento.

Pero en el Nou Estadi de Tarragona, con capacidad par 14.500 espectadores y que apenas cubrió dos tercios de su aforo, no se vivió el clima reivindicativo de otros actos que últimamente se han celebrado en Cataluña a causa del proceso independentista.

Al contrario, muchas banderas rojigualdas en las gradas y también bastantes más aplausos que pitos cuando sonó el himno de España. Incluso se escuchó algún animoso grito de "¡Felipe, Felipe!" a la conclusión del mismo.

La ceremonia empezó con la actuación de la cantante Lucrecia, mientras se presentaba en sociedad Tarracus, la mascota de estos Juegos y que representa un casco romano hecho de agua del Mediterráneo. Siguió la música con Àngels López, subida a un escenario que recreaba un anfiteatro romano para interpretar 'Mediterráneo' de Joan Manuel Serrat.

Y a la hermosa canción de Serrat le procedió 'Juguem per viure', (Jugamos para vivir), el himno oficial de Tarragona 2018, interpretado por un coro de doscientos niños. La música dio paso, tras un breve homenaje a los 3.500 voluntarios que colaboran en la organización de estos Juegos, a la presentación, por orden alfabético, de las delegaciones de los 26 países participantes.

Cada uno de ellas apareció en el césped, con un abanderado al frente y la portadora un ánfora que contenía el agua del Mediterráneo que baña la costas de su territorio.

La pequeña delegación libia era la que desfilaba más animada, y la de Siria, representada por una treintena de atletas y que vive una cruel guerra civil desde hace siete años, fue la más aplaudida por la grada hasta que llegó España que, como anfitriona, cerró el desfile.

La delegación española, con la medallista olímpica de natación Mireia Belmonte como abanderada, arrancó los mayores aplausos de la noche. Con 398 atletas, la anfitriona es el segundo país que más participantes aporta a estos Juegos Mediterráneos, por detrás Italia (417).

Uno de los platos fuertes de la noche llegaba en el ecuador de la ceremonia. Antonio Orozco irrumpía en el escenario romano, con el Nou Estadi ya a oscuras, para interpretar 'Mi héroe' y 'Hoy es el día' y reivindicar, entre uno y otro tema, "la solidaridad, dignidad y emoción" que debe representar el Mediterráneo: "A ver si, de una vez por todas y entre todos, acabamos con la xenofobia".

Aterrizaba entonces desde el cielo la bandera del Comité Internacional de los Juegos del Mediterráneo, traída por una formación de la Patrulla Acrobática de Paracaidistas del Ejército del Aire que tomaba tierra sobre el césped.

El Cuerpo de Gala de la Guardia Urbana de Tarragona era el encargado de izar la bandera, antes de los parlamentos. Primero fue Josep Fèlix Ballesteros, alcalde de Tarragona y presidente del Comité Organizador, quien pidió que el Mediterráneo "no cierre los ojos" al drama de los refugiados que cruzan este mar "buscando un futuro mejor para sus hijos e hijas".

Después le tocó el turno Amar Addadi, presidente del Comité Internacional de los Juegos Mediterráneos, que quiso recordar, una a una, las dieciséis sedes que acogerán este evento y agradecer al rey de España "su apoyo" para hacerlo posible.

Precisamente fue Felipe VI quien declaraba inaugurados, a las 22.29 horas, los XVIII Juegos del Mediterráneo, en un discurso breve que algunos de los presentes entre el público dieron por finalizado con gritos de "¡Viva el Rey!".

La española Lidia Valentín, subcampeona olímpica y campeona mundial de halterofilia fue la encargada de hacer el juramento de los atletas, mientras que el seleccionador español de balonmano, Jordi Ribera, hizo lo propio en representación de los jueces y oficiales.

Se convertía entonces el escenario en los restos de un 'impluvium' romano, donde se bañaban y jugaban los niños a la peonza hasta que se les aparecía la 'Diosa de la Vida', interpretada por la soprano Begoña Alberdi, en un espectacular número musical -sin duda, el mejor de la noche- con una coreografía que abarcaba todo el campo de fútbol y que se cerraba con fuegos artificiales.

Pero aun faltaba la aparición de nuevo de Lucrecia, para cerrar la gala haciendo bailar a todos los actores a ritmo de salsa. Y un atronador número de piromusical, con el 'Mare Nostrum' de fondo.

Un espectáculo de poco más de dos horas que fue de menos a más y que acabó en lo más alto para celebrar que Tarragona, la ciudad más pequeña que jamás ha organizado el evento, por fin tiene sus Juegos.

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