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Sergio Aires, activista climático: el reto será evitar salidas ecofascistas

Marta Montojo

Agencia EFE

Publicado el - Actualizado

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Marta Montojo

La solución a la crisis ecológica está en construcción y está bien que sea así, alega el activista climático Sergio Aires Machado, quien juzga que el actual modelo de producción y consumo no se podrá sostener" y que hay que salir del atolladero evitando salidas ecofascistas.

A sus 18 años, este estudiante de periodismo es uno de los portavoces de Juventud por el Clima, participa activamente en luchas locales como el freno a la ampliación del puerto de Valencia y en la coordinación de la campaña End Fossil Occupy que ocupa instituciones académicas para reclamar el fin del uso de combustibles fósiles y así atajar la crisis climática.

No contempla un modelo predefinido por ningún autor como horizonte al que dirigirse, ya que considera que la solución podrá construirse "de manera conjunta", de forma que tenga en cuenta "todas las realidades" y voces que "no han sido escuchadas".

Lo que tiene claro es que los niveles de consumo, producción y extractivismo que tenemos en el actual sistema, sobre todo en el Norte Global, son totalmente inviables y habrá un momento en el que no se podrán sostener más y habrá que actuar.

A su juicio, el momento clave para la humanidad será justo ese, decidir colectivamente cómo "salir del atolladero" de resolver las simultáneas injusticias -climática, de género, racial, etcétera- que al final señalan fallos del sistema.

Natural de Ibi, un pueblo de unos 23.000 habitantes situado en las montañas de Alicante, el activista relaciona su interés por la protección del medio ambiente con su propio entorno, pues sus padres también son amantes de la naturaleza.

Sin embargo, no viene de un contexto especialmente politizado, explica, y no se involucró de lleno en el ecologismo hasta que, en plena pandemia, los nuevos movimientos sociales como Fridays for Future pidieron más militancia, debilitados por el parón del confinamiento.

Incide además en el efecto movilizador de ver que hay decenas de miles de personas manifestándose por una causa que te apela directamente, como es la destrucción del planeta, mientras tú estás en casa, y sentir el deber moral de participar en esa tarea histórica a la que los jóvenes ecologistas aluden con frecuencia.

En su caso, el activismo es una suerte de antídoto contra la ecoansiedad, dice, pues supone tener un contacto mucho más próximo con el ejercicio democrático de salir a la calle y hace que se desbloquee un mundo y pueda uno ver que el proceso de cambio está aquí.

Considera que entre sus pares hay un nivel de concienciación ecológica relativamente elevado pero en muchos casos muy direccionado a los cambios individuales, sobre todo en los sectores menos politizados, donde lo primero que llega es la responsabilización individual -reciclar, comer menos carne, moverse en transporte público-, y no la acción colectiva.

Sin embargo, el activismo es también un arma de doble filo que en ocasiones puede abocarlo a un bucle de culpabilidad y de autoexigencia.

Aunque a menudo los jóvenes activistas se enfadan cuando se les coloca la responsabilidad de resolver un problema que les afectará sobre todo a ellos pero que han generado las generaciones anteriores, Aires Machado considera contraproducente el enfrentamiento con gente que "no estaba informada" y "bastante tenía" con los problemas de la época.

Sí admite tener cierto resentimiento hacia los mandatarios de las generaciones anteriores, que ya en los años 70 sabían del problema en el que nos iban a meter y decidieron seguir adelante y tapar sus propias investigaciones al respecto.

Así, también señala la responsabilidad de los medios de comunicación para trasladar la magnitud de los problemas y comunicarlos a la población, motivo que le animó a decantarse por la carrera de periodismo, donde considera que hay más posibilidad de impulsar un cambio.

De la cumbre del clima de la ONU que estos días se celebra en Sharm el-Sheij (Egipto), el joven activista espera que al menos haya una voluntad de acción real, que los países ricos asuman las responsabilidades históricas con el Sur Global con medidas que permitan a esos estados desarrollarse a los mismos niveles que nosotros pero en el camino que necesitamos y, matiza, sin fantasías tecno-optimistas.

Visto en ABC

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