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Triunfos, sangre y muchos toros buenos en un apasionante San Isidro de notable alto

Analizamos lo ocurrido en la Feria de San Isidro, una feria que comenzó con dudas y finalizó con una amplia sensación de triunfo generalizado.

La plaza de Las Ventas ha celebrado durante más de un mes la celebración de la Feria de San Isidro

 La plaza de Las Ventas ha celebrado durante más de un mes la celebración de la Feria de San IsidroEFE

Sixto Naranjo
@sixtonaranjo

Director de ‘El Albero'

Tiempo de lectura: 2'Actualizado 09:44

Concluyó la Feria de San Isidro. Este domingo se ponía fin a 34 días consecutivos de toros en Las Ventas. Triunfos, sangre, algún que otro fracaso. Siendo objetivos, podemos hablar de una feria de notable alto. Sí. Pocos creían en los resultados positivos que unas combinaciones que no levantaron la alegría entre aficionados y prensa. Y hay que reconocerlo. El tiempo y el toro han puesto en orden todo.

Si algo deja esta feria es que el relevo generacional es ya toda una realidad. Pocos se han acordado de las asuencias de algunas figuras. A la ya consolidada figura de Roca Rey hay sumar a varios toreros que se han sumado al tren de las grandes ferias. David de Miranda, Román, Pablo Aguado... ya no hay excusa para no contar con ellos de aquí a final de la temporada. 

La Feria ha dejado además triunfos rotundos. A los conquistados por Perera, De Miranda, Roca Rey y Ferrera, este sábado se sumaba el de Paco Ureña, a la postre, triunfador absoluto de la Feria de San Isidro. Era la puerta grande que le faltaba al torero murciano para asaltar la cabeza del escalafón. Cuatro orejas en una feria para enmarcar de Ureña.

En el plano ganadero hay que destacar que la variedad de encastes ha dado buenos frutos. Han embestido muchos toros y de distintos procedencias. Una gran noticia. Buenos Domecqs de Juan Pedro, Parladé, Santiago Domecq, Garcigrande, Montalvo... Albaserradas de Adolfo Martín, la ganadería más completa, un atanasio-lisardo del Puerto de San Lorenzo o el santacoloma 'Carasucia' de Valdellán. Quizá este año han pinchado los núñez de Alcurrucén.

La parte más dura han sido las innumerables cogidas vividas durante este mes de toros. Caballero, Juan Leal, Ritter, Escribano, Román, Pablo Aguado y la del subalterno Víctor Hugo Saugar, han demostrado una vez más, y van muchas, que el equipo médico de Las Ventas con el doctor García Padrós al frente es el más fiable y que los toreros están en las mejores manos cuando caen heridos en Madrid. No nos cansaremos de decirlo y repetirlo.

La Feria de San Isidro también ha dejado un agridulce sabor por lo vivido en los tendidos. Muchas polémicas, muchos vivas sin sentido y una sensación de tugurio en horas nocturnas en muchas de las tardes. También de exigencias selectivasLo que a unos se les aplaude, a otros se les recrimina. Ser más ecuánimes engrandecería aún más el nivel de la afición de Madrid.

Y en cuanto a la empresa, darle sin empachos la enhorabuena. A expensas de las cifras finales, la plataforma La Economía del Toro hablaba de 22,000 espectadores más que el pasado año. A simple vista, ha habido más llenos pero también entradas más pobres los días de carteles medios. Pero la sensación que ha dejado esta feria ha sido de éxito tanto dentro del ruedo como en los tendidos. Simón Casas podrá sacar pecho por lo vivido en Las Ventas y su fórmula del bombo para un sorteo parcial. Un experimento, que a la postre, ha funcionado. Hasta la petición que hizo Rafael García Garrido este invierno en El Albero se ha cumplido. "Que no llueva", suplicó el director general de Nautalia y socio de Simón Casas. Alguien escuchó sus ruegos y le concedió el deseo.

Este San Isidro 2019 ya es historia, y de él nos acordaremos en el futuro.

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