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El opio, el negocio que no ha cambiado en Afganistán

El país es el mayor proveedor del mundo de esta droga base de la heroína

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Lorena Fernández
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Madrid

Tiempo de lectura: 4'Actualizado 00:22

El país es el mayor proveedor del mundo de esta droga base de la heroína. Se da la paradoja de que los talibanes castigan su consumo pero a la vez se lucran con él. 20 años después del 11S, Occidente no ha sido capaz de cambiar su cultivo por el de otros productos de consumo de primera necesidad.

Ni con el régimen talibán en el poder, ni con la intervención de EEUU... hay paisajes que no cambian en Afganistán. Y uno que predomina es el del cultivo de la amapola del opio. Ricardo Ruiz de la Serna, profesor de Humanidades de la Universidad CEU San Pablo además de investigador y experto en Oriente Medio y el antiguo espacio soviético, nos cuenta a COPE que 'históricamente una de las financiaciones de las organizaciones terroristas -no solo de los talibanes- ha sido el tráfico de drogas. Por un lado la producción y por el otro el transporte para permitir que los intermediarios transiten por el terreno que controlan. En este sentido los talibanes ofrecían un territorio donde el derecho internacional no se aplicaba y donde ellos ponían los recursos del Estado al servicio de la producción de droga. La intervención de EEUU en 2001 y la inicial derrota de los talibanes hizo que buena parte estas fuentes de financiación las perdieran. Recibieron otras como fondos del exterior pero salvo en zonas pequeñas de cultivo de opio que siguieron controlando en general perdieron todo'.

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Eso fue hace casi dos décadas. Pero ... ¿y ahora qué una vez que han regresado al poder? 'Lo que cabe esperar ahora es que vuelvan a financiarse a través del cultivo de opio y de su puesta en el mercado internacional de bienes ilegales. El Estado Islámico en Irak y Siria se han financiado también de esta manera'.

EL OPIO EN CIFRAS

Es difícil calibrar el dinero que mueve el opio en Afganistán pero este profesor nos cuenta que la comunidad internacional en 2020 hablaba de que el régimen obtuvo ese año unos 500 millones de dólares 'y eso que no controlaban todo el territorio'. Se estima también que podría llegar a representar el 30% del PIB del país. ¿Cómo se explica en Occidente que se permita su cultivo pero que a la vez se penalice su consumo? 'En el Islam la droga o cualquier sustancia que intoxique no se puede consumir. Y no es solo que no se permita. Es que está castigado con penas gravísimas. Puede llegar incluso a ser una condena a muerte. Ahora bien. Producirlo o venderlo para que otros lo consuman o financiarse con lo que se obtiene eso sí está permitido. Estamos hablando de permisividad en la versión de los talibanes y no en la doctrina ortodoxa del Islam.

¿Cómo se entiende esta contradicción? 'Para ellos no la hay porque está prohibido para los musulmanes pero ellos se la venden a quienes no lo son. Además, consideran que lo venden con un fin legítimo que es financiarse para continuar la yihad. Para combatir la lucha. Desde su perspectiva de conflicto, de enfrentamiento, ellos están utilizando un método que no perjudica a los musulmanes ya que no lo consumen pero que se sirve para la lucha contra los enemigos del Islam. Esta no es la visión que tienen la mayor parte de los musulmanes del mundo. Los talibanes son una versión excepcionalmente torcida de la doctrina islámica. Los talibanes no son representativos de esa mayoría de creyentes'.

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¿POR QUÉ NO HA HABIDO CAMBIOS EN ESTOS 20 AÑOS?

EEUU y Europa Occidental son los dos principales mercados de ese opio que se fabrica en Afganistán. También hay algunos países del sudeste asiático que reciben parte de esta droga pero que su consumo tiene penas tan graves.

Se calcula que su cultivo emplea a unas 600 mil personas en Afganistán y los afganos lo tienen asimilado con naturalidad. Este profesor nos cuenta que 'no hay tantas alternativas. Parte de la tragedia de Afganistán es que en estos 20 años el país no se ha desarrollado lo suficiente como para proponer otra cosa. Es decir, a la persona que cultiva el campo llegan los talibanes que aunque no le imponen sí le dan unos réditos económicos que le permiten mantener a la familia... Es una industria tradicional. No es nada nuevo que la persona tenga que aprender a hacer. Tradicionalmente se ha hecho. De padres a hijos'.

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En varios países se ha intentado reconvertir a los agricultores de opio en agricultores de productos aptos para el consumo, de primera necesidad. Afganistán tiene varias zonas: una montañosa, otras fértiles bañadas por ríos y luego otras próximas a Persia que son más desérticas. Ruiz de la Serna nos subraya que 'las alternativas que tiene el campesino afgano vienen marcadas no solo por la zona geográfica sino también por el acceso a la tecnología. La agricultura en estos países se sigue manteniendo con métodos muy tradicionales porque no ha llegado la tecnología.Esta era una de las aspiraciones que había cuando en Afganistán se hablaba no solo de combatir al terrorismo sino de construir Nación'.

¿Hay otros países que se dediquen a su cultivo? Sí. Birmania, Laos, India, Camboya... 'Hoy esta planta se puede cultivar en cualquier punto del globo. Pero la ventaja que en este aspecto tienen los talibanes es la pureza, la calidad de ese opio'.

Mirando un poco más allá no parece que su cultivo vaya a sustituirse ahora que los talibanes han vuelto a hacerse con el poder. Solo China podría cambiar la historia. Ruiz de la Serna nos dice que 'China tiene miedo de la influencia de los talibanes en la región de Xianjian, de mayoría islámica. Si los talibanes, que no creo que lo hagan, comenzasen a ejercer su influencia allí y a utilizar los recursos de los que disponen para apoyar la militancia islámica probablemente China intervendría y una de las formas es destruyendo los campos de opio de Afganistán'.

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