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20 años sin el humor de Gila: su época de mecánico, sus pinitos de narrador y el día que sobrevivió al paredón

Tal día como hoy, hace dos décadas se apagó la luz de Miguel Gila, el hombre que hacía reír con la simple ayuda de un teléfono

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Tiempo de lectura: 2'Actualizado 12:08

Era el año 2001, y recién comenzaba un verano que a la postre, sería muy especial para muchos. También estábamos cerca de culminar la semana de Sanfermines en Pamplona, y las playas empezaban a llenarse de turistas en época vacacional. Todo ello ocurría, cuando el día 13 de julio, el mundo del humor se sacudía con la noticia de que Miguel Gila había fallecido.

Gila nació en Madrid, en marzo de 1919, en una España que socialmente estaba a pocos años de entrar en ebullición. Eso hizo que el carácter del humorista, se desarrollara en la crudeza de un país al que poco le faltaba para convertirse en objeto de todas las polémicas por parte del exterior, y por motivos obvios, entre los propios españoles.

En sus primeros años de vida, la situación familiar lo obligó a ponerse el mono de trabajo desde temprana edad, ocupando diferentes profesiones, entre las que destacaron la de pintor de coches y posteriormente una función similar como mecánico de coches, donde con el paso de los años fue aprendiendo de manera autónoma hasta el estallido de la Guerra Civil.

Fue en aquel entonces, y en el momento más pleno de su juventud, cuando apenas rozaba los veinte años, el momento en el que le tocó postularse para representar a uno de los dos bandos que participaban en la guerra. Lo hizo y de manera clara y contundente hacia el lado republicano, representando al regimiento de La Pasionaria.

Al parcializarse, automáticamente se puso, al igual que sus compañeros en el blanco del bando rival, hasta el punto en el que en una ocasión su vida pendió de un hilo. Fue al perder una batalla, cuando Gila y varios compañeros de su batallón, fueron despojados de sus ropajes y puestos contra el paredón.

En su caso, la fortuna estuvo de parte del humorista. Los miembros del pelotón, aparecieron con claros signos de embriaguez, procedieron a disparar, y ninguno de los tiros impactó en Miguel Gila, que sobrevivió tirándose al suelo y fingiendo su propia muerte. Al día siguiente logró escapar con un compañero que también sobrevivió a la ejecución.

Sin duda este fue el episodio más delicado de la vida del genio del humor español, pero durante todos los años posteriores, siguió ocupando momentos y anécdotas como la que lo lleva a un puesto completamente distinto a la profesión que ocupaba: la narración deportiva.

La radio siempre presente

Fue durante una etapa de su vida y con la misma pasión de quien se embarca en un nuevo empleo con ilusión y ganas de crecer. Empezó vendiendo transistores y aparatos de radio, algo común en una sociedad en la que estaba por venir la auténtica guerra de las noches entre José María García y José Ramón De la Morena.

Precisamente sobre deporte y radio hay una historia llamativa que une al propio Gila con el medio. Y es que el madrileño se dedicó durante un tiempo a narrar partidos de fútbol; todo ello previamente a que se identificara como lo que se le recuerda hoy en día, un auténtico genio del humor de las últimas décadas del siglo XX. Un referente, que por cierto, nos dejó de la mano de otro humorista de renombre en ese mismo año, el gran Eugenio.

Las risas se apagaron. En 2001 dejamos de “saber de aquel que diu” y no volvimos a negociar con el enemigo las horas de batalla. Genios y figuras por siempre.


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