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El monstruo de los Andes: violación y asesinato de 300 niñas, enterrado vivo y en paradero desconocido

Pedro Alonso López es reconocido mundialmente como el mayor asesino en serie de la historia, y del que se desconoce su paradero actual

El monstruo de los Andes: violación y asesinato de 300 niñas, enterrado vivo y en paradero desconocido
Paco Delgado
@Delgado_LPaco

Redactor de COPE y director de 'Hollywood Land'

Tiempo de lectura: 6'Actualizado 14:36

Muchas de las listas de mayores asesinos en serie de la historia se rigen por dos vertientes: la brutalidad de los crímenes o por la cifra de cadáveres que dejan a sus espaldas. Gary Ridgway podría ser considerado el mayor asesino oficial de los Estados Unidos, pero aún se queda lejos de la huella que Pedro Alonso López ha dejado en las páginas de la crónica negra de los últimos cien años. No solo por superarle en más de 200 víctimas, sino por la frialdad, el modus operandi y como el destino se interpuso en su camino para, a la vez que le encauzaba en un camino de horror y violencia, también le brindaba la suerte suficiente para escapar de todo tipo de castigo.

Una historia que, como en los casos más notorios, tiene una vinculación directa con una infancia de abusos y con una relación explosiva con su madre. Es algo que puede verse en otros perfiles como el de Ed Kemper, que tras años de maltrato verbal y psicológico termino por asesinar a su propia madre de la forma más brutal: “Violé su cabeza cortada. Cuando terminé puse la cabeza en un estante y le grité durante una hora”. Igualmente, la mayoría de análisis sobre los impulsos de Ted Bundy apuntan a que la raíz de su misoginia había nacido en la gran mentira que fue su infancia: su madre se hizo pasar por su hermana y sus abuelos por sus padres.

Ed Kemper, Ted Bundy y el Mataviejas en una imagen de archivo

Ed Kemper, Ted Bundy y el Mataviejas en una imagen de archivo

El caso más parecido en España lo tenemos en el 'Mataviejas', José Antonio Rodríguez Vega, asesino de 16 ancianas durante la década de los 70 y 80 en Barcelona. Una historia en la que se inspiró claramente Rodrigo Sorogoyen para la película “Que Dios nos perdone”. Entrevistado tras los crímenes, el 'Mataviejas' explicaba: “Cuando recordaba a mi madre y a mi suegra me entraba una especie de excitación, de vergüenza inconsciente, de agresividad, pensando en lo que me habían hecho. Tenía un temblor y escalofríos y me sentía llevado”.

Sobre Pedro Alonso, Robert Ressler, experto criminalista del FBI, relataba: “Los asesinos en serie tienen frecuentemente algún tipo de obsesión con su madre. Como suele decirse, una relación de amor-odio. Normalmente no son candidatas a la madre del año, aunque tampoco es que tengan que ser obligatoriamente abusivas. El hilo común es el elemento sexual, madres muy seductoras, con muchos compañeros sexuales de los que los niños son conscientes”.

La madre de Alonso López era prostituta.

Una infancia de violaciones

Pedro nació en 1948 Colombia, en el municipio de Ipiales, como miembro de una familia de 13 hermanos, todos ellos fruto de las relaciones sexuales que mantenía su madre, Benilda López de Castañeda, con los clientes que le frecuentaban. Uno de esos 'puteros' era Megdardo Reyes, el padre del pequeño Pedro, y al que asesinaron en una pelea de bar meses antes si quiera de que el niño llegara al mundo. Años después, Benilda decidió buscar un nuevo hogar en Santa Isabel, una ciudad de la región de Tolima, epicentro durante los años 40, 50 y 60 de “La Violencia”, una suerte de guerra civil no declarada en el país colombiano entre liberales y conservadores que se saldó con casi 300.000 muertos.

Allí, en medio de un clima de brutalidad en las calles, Benilda instaló a sus 13 hijos en una sola habitación, separada de la contigua solo por una cortina. Así, cada noche los 13 hermanos podían escuchar los gemidos de su madre mientras ejercía la prostitución. Una desatención que combinaba con abusos físicos. “Le pegaba con una escoba constantemente”, relataba uno de sus vecinos a la cadena de televisión RCN.

Fotografía de una de las hermanas de Pedro Alonso López, con la que su madre le descubrió

Fotografía de una de las hermanas de Pedro Alonso López, con la que su madre le descubrió

En 1957, cuando Pedro tenía 9 años, su madre le sorprendió intentando violar a su propia hermana y le echó de casa después de quemarle los pies con una vela. El chico tuvo que sobrevivir como un vagabundo en las calles de Santa Isabel y Bogotá, donde sufrió innumerables violaciones entre un ambiente de supervivencia extrema. En los años siguientes es donde aparece por primera vez la extraña 'suerte' combinada con ''desgracia' que perseguiría a Pedro Alonso durante toda su vida.

A los 12 años, cuando intentaba sobrevivir en las calles de la capital colombiana, una familia estadounidense se apiadó de él, le adoptó y le llevo de vuelta a su país. Allí comenzó a ir al colegio, a recibir otro tipo de educación y a vivir en algo más parecido a un hogar. Todo estaba mejorando hasta que un profesor abusó de él sexualmente. El incidente le devolvió de golpe a las calles y a la delincuencia. Con 21 años fue detenido por robar coches de nuevo en Bogotá y enviado a prisión, donde cumplió siete años de pena y donde se convirtió en juguete sexual de varios presos. Así, Pedro aprendió a defenderse por primera vez de manera violenta de los abusos: degolló a sus asaltantes.

El monstruo de los Andes

Tras ser liberado en 1978, Pedro se marchó hasta el sur de Perú, donde se ubicaban la mayoría de tribus indígenas de la región de Ayacucho. Allí aprendió que la clave estaba en el constante movimiento y en trasladarse entre zonas rurales. Se acercaba a las tribus aborígenes, seleccionaba a las niñas y les ofrecía regalos o trabajo para apartarlas de las zonas pobladas. Una vez estaban en parajes desolados, las violaba, estrangulaba, mataba y, posteriormente, eyaculaba dentro de ellas.

Alba Sánchez Ospina, madre de la primera víctima del monstruo de los Andes

Alba Sánchez Ospina, madre de la primera víctima del monstruo de los Andes / RCN

Años después, los investigadores le preguntarían cuál era la razón para elegir a unas niñas por encima de otras. “Las que tuvieran los ojos más inocentes”. Como el mismo Alonso López confesaría, durante esos años violó y asesinó solo en Perú al menos a 100 niñas de edades comprendidas entre los 9 y los 12 años. Durante la etapa de cacería por el país peruano ocurrió un nuevo episodio de 'suerte' extraña para Pedro Alonso. Mientras intentaba raptar a la enésima de sus víctimas, fue descubierto por miembros de una tribu de ayacuchos que ya sospechaban de él desde hacía tiempo.

Le persiguieron durante kilómetros y, una vez le hubieron atrapado, le desnudaron, torturaron y pensaron cuál era la forma más cruel de darle el castigo que merecía por la matanza indiscriminada de niñas en la región. La decisión fue unánime: enterrarle vivo. Fabricaron un ataúd improvisado, cavaron un hoyo en el suelo e introdujeron el cuerpo con vida del monstruo de los Andes. Pero, de nuevo un estadounidense, acudió como si de la providencia se tratase. Descubrió a los ayacuchos y les convenció que matarle era “impío” y “cruel” y les aseguró que la mejor solución era entregarle a la policía. No obstante, la justicia no tenía manera de probar ninguno de los asaltos ni recursos para seguir las pistas de Alonso López y le deportó a Ecuador.



Últimos crímenes y detención

Desde 1978 a 1980 el monstruo de los Andes caminó libre entre Ecuador y Colombia levantando sospechas entre la policía ante el aumento de desaparición de niñas. No obstante, todo ello se atribuía al grave problema de trata de personas y de esclavitud sexual imperante durante la década de los 70. Pero una riada lo cambió todo. En 1980 una inundación en Ambato (Ecuador) provocó que los recursos de los equipos de rescate de la zona se centraran en repasar el registro de personas desaparecidas para cotejarlo con los cadáveres que arrastraba el agua.

Así, encontraron los cuerpos de cuatro niñas que llevaban desaparecidas desde antes de la riada y que, según las evidencias, habían sido escondidas deliberadamente para que nadie encontrara los cadáveres. La investigación les puso en la pista de Pedro Alonso López, que todavía le quedaría un error más por cometer que resultaría garrafal.

Ficha Policial de Pedro Alonso López, el monstruo de los Andes

Ficha Policial de Pedro Alonso López, el monstruo de los Andes

Apenas unos días después de la inundación, Marie, de 12 años, y su madre Carvina fueron al supermercado a hacer la compra. Allí, un hombre intentó llevarse a la pequeña tras arrebatarla de las manos de su madre. Emprendió la huida con la niña en brazos hasta que fue detenido por los propios empleados del supermercado que se encontraban trabajando. Cuando llegaron los agentes de policía descubrieron que se trataba de Pedro Alonso López, el mismo hombre que buscaban por los cuatro cadáveres descubiertos tras la inundación.

La confesión a un sacerdote

Según revelan los diarios locales de la época, los agentes trataron de interrogar al sospechoso durante días sin conseguir arrancarle ni una sola palabra de confesión sobre los asesinatos. Le preguntaron por las desapariciones registradas en Ecuador y Colombia con las que le relacionaban, por las cuatro niñas e incluso del propio intento de secuestro. Nada. La solución fue de los menos convencional: llamaron a un sacerdote, dada la fe católica del sospechoso. Allí acudió el padre Córdoba Gudino, que se encerró en una habitación con el detenido.

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Allí permanecieron durante horas. Cuando amaneció, el sacerdote salió del cuarto completamente perplejo y horrorizado. “Me ha confesado actos tan horribles, bestiales y violentos que no podía seguir escuchándole, aseguró a los agentes de policía. Alonso López aseguró que había matado a un mínimo de 100 víctimas por cada país por el que había transitado en los últimos diez años. Esto incluye: Perú, Ecuador y Colombia, así como un total de 300 niñas muertas, al menos. No obstante, la pena que le impusieron de cárcel no superó los 16 años de prisión, la condena máxima para un reo ecuatoriano en 1980.



El monstruo de los Andes: paradero desconocido

Pedro Alonso López cumplió la mayoría de su tiempo en prisión en Ecuador hasta 1994, año en el que se solicitó que fuera extraditado a Colombia para ser juzgado por la violación y asesinato de ocho niñas en el municipio en Tolima, región en la que se crió el sospechoso. No obstante, antes de que pudiera ser declarado culpable, el juez lo consideró incapacitado mentalmente para afrontar el proceso y lo consideró “demente”. Pasó cuatro años en un psiquiátrico hasta que le declararon “cuerdo”. Solo tuvo que pagar la fianza y el monstruo de los Andes volvió a quedar en libertad en 1998.

Fotografía del interrogatorio a Pedro Alonso López

Fotografía del interrogatorio a Pedro Alonso López

La cadena de televisión estadounidense A&E anunció en 2002 la emisión de una orden de búsqueda y captura contra el monstruo de los Andes por el asesinato de 350 personas. Diez años después, la policía volvió a ponerse tras la pista de Pedro Alonso López, al que barajaban como sospechoso por el asesinato Andrea Marcela García Buitrago, debido a las características similares del crimen con las de Flor Alba Sánchez, su primera víctima. Sin embargo, ni en 2002, ni en 2012, ni ahora, se conoce el paradero del prolífico asesino. Su propia madre, todavía viva, aseguraba a los medios de comunicación:

Sé que no ha muerto. Otros familiares míos se me han aparecido en forma de 'presencia' después de que falleciesen. Pero él no. Sé que sigue ahí, en alguna parte”.

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