CIENCIA ANTÁRTIDA (Crónica)

De soñar la Antártida leyendo a Shackleton a divulgar la ciencia del mar

Míriam Álamo.

Agencia EFE

Tiempo de lectura: 3' Actualizado 11:36

Míriam Álamo.

Surcó con avidez las páginas que cuentan las expediciones de Shackleton, Cook y Scott y a través de sus historias fantaseaba con viajar algún día a la Antártida, un sueño en el que Aitana Forcén sigue sumergida hoy.

Y ahora es ella, mediante su trabajo como oceanógrafa, quien divulga sus exploraciones en una suerte de cuaderno de bitácora virtual: "Lost in the swirls" (Perdida en los remolinos).

"Así como yo he leído las historias de Shackleton y me lo he pasado tan bien, cuando me vine a Nueva Zelanda, empecé un blog para inspirar a la gente a llegar más lejos y soñar, pero además porque creo que los científicos tenemos el deber moral de contar a la gente qué es lo que hacemos", confiesa Forcén a EFE.

Cuando acabó sus estudios en Ciencias del Mar en España, decidió irse a Nueva Zelanda a hacer su doctorado en un instituto de investigación, obtuvo una beca postdoctoral de dos años y medio y, en la actualidad, trabaja para una empresa que se dedica a hacer partes meteorológicos en el mar.

En su última campaña, que, como explica, consiste en ir en barco a recabar datos, se ha dedicado a estudiar cómo está cambiando, en un escenario de cambio climático, la formación de masas de agua en la Antártida, que transportan calor a través del océano y modulan el clima global.

La jornada 16 de esta última expedición, como relata en su blog, transitó por el punto más al sur en el que ha estado nunca, 73° sur, un lugar que solía estar cubierto de hielo y al que, de hecho, dos personas que iban a bordo con Forcén habían intentado llegar en 2008, pero fue "misión imposible" porque en aquel año la frontera de hielo se encontraba a unos 600 kilómetros al norte de ese punto.

"Estamos muestreando en lugares que normalmente están cubiertos de hielo. En el verano de 2017 se alcanzó el mínimo de extensión de hielo desde que se tienen datos satelitales (1979), con un 27 % por debajo de la media anual, y este año es el segundo con menos extensión de hielo en verano", señala.

Sobre el calentamiento global, alerta: "Es cierto que los cambios son cíclicos, pero creo que estamos acelerando este cambio. Es preocupante y hay que intentar, al menos, entender qué es lo que está sucediendo y saber qué puede pasar en un futuro".

La oceanografía, dice, "nos afecta en todo", en la vida diaria, porque, al hablar, por ejemplo, de la subida del nivel del mar, "para mucha gente significa que algún día el agua nos llegará por la cintura, pero, si el nivel del mar avanza, eso implica que, si ayer la ola más grande de una tormenta había llegado hasta el paseo marítimo, en el futuro esa ola máxima rebasará el paseo y llegará hasta la carretera".

"Además, si no se entiende cuál es la dinámica del océano", no se puede prever cómo va a evolucionar "la erosión costera de las playas, cómo afectará una tormenta a un puerto o cómo influirán los cambios en la población de peces".

Por eso, defiende con firmeza que "sin ciencia no hay futuro" y apunta: "El conocimiento te da el poder de decidir, de entender cómo funcionan las cosas, de saber qué es lo que va a pasar, para tomar decisiones adecuadas en el día a día y también a gran escala".

Reivindica una mayor presencia de las mujeres en la ciencia y lamenta que hace falta apoyo "no solo cuando ya estás trabajando en investigación, sino mucho antes, en el colegio, para animar a las niñas a cursar materias científicas".

"En realidad, no tiene que ver con si eres hombre o mujer, sino con que quieras hacerlo y valgas para ello", por lo que "hay que decirle a las generaciones más jóvenes que las matemáticas molan y que mola ser científico, y saber, y entender", apostilla.

Forcén recuerda que, cuando trabajaba para la Copa América en Valencia, se pasaba el día "metida en un barco en mitad de la nada", y allí, leía historias de exploradores que le llevaban a imaginar y a preguntarse: "Si ellos lo hicieron, ¿por qué no yo?".

Hoy sigue su travesía personal rumbo a conocer la Antártida, que ha visto desde alguna embarcación, pero "todavía no" ha pisado, y en el trayecto escribe para inspirar a otras personas y poner a su alcance sus averiguaciones y sus vivencias, porque recalca: "Tengo que contarlo; si no, se va a perder".

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