La Puerta del Sol dará la bienvenida al 2019 gracias a sus relojeros
Jesús López-Terradas lleva más de 20 años haciendo que demos la bienvenida al nuevo año de forma puntual

Madrid - Publicado el - Actualizado
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El 31 de diciembre todos los ojos del país se dirigen hacia un mismo punto: la Puerta del Sol de Madrid. Pero, para que todos podamos hacer la cuenta atrás, tomarnos las uvas y recibir al nuevo año justo a tiempo, detrás tiene que haber un trabajo casi invisible. Es el que realiza Jesús López-Terradas quien, junto con sus compañeros Pedro y Antonio, se encarga de que el reloj esté a punto para su gran momento.
Desde 1996 son los encargados del mantenimiento del reloj más famoso de España, una máquina con más de 150 años de antigüedad que marca el compás del final del año en los hogares de todo el país. Pero esto no es el trabajo de un solo día porque el reloj de la Puerta del Sol "no se puede parar". Durante todo el año se realiza un trabajo para que siempre se encuentre en óptimas condiciones. "Sería un poco tonto pensar que el reloj está más o menos abandonado y que a última hora te pones a hacerlo", comenta el maestro relojero. Durante todo el año, López-Terradas y sus compañeros se alternan para revisar el reloj una vez a la semana, dado que, si no se remontan cada siete días las pesas que dan fuerza a la maquinaría, las agujas que coronan la Real Casa de Correos se detendrían.
Lo único especial que se hace para este día tan señalado es engrasar el mecanismo de la bola, que es lo único que no se utiliza durante el resto del año. Después, hay que estar pendiente de cada detalle para que no haya ni la más mínima posibilidad de error. En Nochevieja hacen falta todas las manos disponibles, por lo que los tres relojeros de Casa Losada se juntan en el pequeño espacio que alberga la máquina y cada uno se encarga de una parte del reloj.
Por todo esto, Jesús nunca se toma las uvas. "Estamos aquí para que se las coman los demás", afirma. Y es que la responsabilidad es muy alta, algo de lo que los relojeros se dan cuenta cuando todo el bullicio que se produce abajo en la plaza llega hasta el pequeño habitáculo donde se encuentran los mecanismos del reloj. "Hay cuarenta y tantos millones de personas pendientes de que no te equivoques, entonces de perder el tiempo y estar mirando a otro lado, de eso nada", sentencia.



