TOROS | Morante, oreja a la inspiración
Perera y un notable Talavante abren la última puerta grande de Badajoz
Finalizó este martes la Feria de San Juan de Badajoz y lo hizo con el triunfo de los diestros locales Miguel Ángel Perera y Alejandro Talavante. Morante paseó una oreja.

Perera y Talavante en su salida a hombros este martes del coso de Pardaleras. EFE
Madrid - Publicado el - Actualizado
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Badajoz, martes 25 de junio de 2013. 4 de Feria. Más de media plaza. Toros de Niñez del Cuvillo, terciados y variados de hechuras. Bajos de raza aunque manejables en distinto grado. Destacó el tercero, el más completo. Morante de la Puebla, silencio y oreja. Miguel Ángel Perera, silencio y dos orejas. Alejandro Talavante, dos orejas y oreja. Se bajó el telón en Badajoz. Fin de feria con menos público de lo que se podía esperar para un cartel que reunía al siempre esperado Morante con las dos figuras locales, Perera y Talavante. Algo más de media entrada para contemplar el triunfo de los toreros de la tierra. Más facilón el de Perera y más merecido el de un Alejandro Talavante que sigue encadenando triunfos tras su paso por San Isidro. Buen toro fue el tercer cuvillo, con chispa y clase, siempre tuvo el celo necesario para perseguir el engaño que le presentó Talavante. El extremeño cuajo una notable faena, presidida por la limpieza y el buen trazo. No bajó el pistón por ninguno de los dos pitones y supo poner originalidad en los remates de las tandas. Amarró el doble trofeo con un contundente volapié.El sexto se fue apagando poco a poco pero Talavante demostró el buen momento de forma por el que atraviesa y mientras el toro se lo permitió, dibujó muletazos de buen aire, sin apretar mucho al toro, pero siempre intentando llevar toreado al de Núñez del Cuvillo. La espada viajó trasera y a las manos de Talavante llegó otra oreja, esta vez en tono menor.Con aplomo y seguridad de mostró Miguel Ángel Perera en su primero, un animal manejable de Cuvillo que adoleció de chispa y finales. El pacense supo alargar los viajes del toro a base de temple y pulso pero a la faena le costó coger altura por la feble condición del astado. Se atascó Perera con la espada y hasta el cuarto intento no acertó a hundir el estoque. Menos historia tuvo la faena al quinto. El toro más apagado del encierro. Perera gustó con el capote en un cierre a una mano que aunó vistosidad y quietud. Después, muleta en mano, la faena no rompió nunca por la falta de casta del toro. Sin embargo, el tono subió enteros tras el perfecto espadazo con el que Perera liquidó al animal. Se pidió sin mucho entusiasmo el doble trofeo, que sí concedió un dadivoso palco presidencial.Inédito quedo Morante en el toro que abrió plaza. Al inicio de faena el toro topó contra las tablas y al sacarlo el subalterno de Morante, el de Cuvillo resbaló con tan mala suerte de partiese una de sus patas traseras. El sevillano se lo tuvo que quitar de enmedio de forma rápida.Pudo desquitarse Morante con el cuarto, un toro cogido con alfileres al que quitó por unas preciosas chicuelinas que abrochó con una media de ensueño. Lenta, a compás, ceñida. Pura orfebrería. Después, el torito de Cuvillo, sin terminar de romper, permitió al de La Puebla firmar una faena llena de detalles. No hubo ligazón pero si muletazos de un gran empaque y belleza. Un cambio de mano fue sublime, como un final al natural a pies juntos. Un pinchazo previo a la estocada dejó el premio en una oreja para Morante.



