Críticas de los estrenos de cine del 17 de octubre de 2014
Calificación y breve comentario de todos los estrenos de cine de esta semana.

Relatos salvajes
Madrid - Publicado el - Actualizado
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Aunque se excede en varias truculencias, obscenidades y golpes de humor negro, el bonaerense Damián Szifron (‘El fondo del mar’, ‘Tiempo de valientes’) confirma su enorme talento narrativo y visual en esta singular colección de seis cortos macabros y antisistema, cuyos protagonistas son personas más o menos normales que reaccionan muy violentamente ante las diversas injusticias que padecen. Magníficamente interpretado por un reparto de lujo, se ha convertido en el filme argentino más taquillero de la historia, y representará a su país en los Oscar y en los Goya. Por cierto, varios de sus relatos tienen un tono similar al de las pinturas negras de Goya.
Es inverosímil, ultraviolenta, tópica…, pero resulta muy entretenida esta versión fílmica de la serie televisiva de 1985, en torno a un ex agente de la CIA convertido en justiciero solitario, que aquí se enfrenta con toda la mafia rusa que opera en Boston. El guion de Richard Wenck humaniza la letal frialdad del protagonista con acertados golpes de humor, emotividad y crítica social. El especialista Antoine Fuqua (‘Training Day’, ‘Shooter’, ‘Objetivo: La Casa Blanca’) se luce en las brutales peleas y ejecuciones. Y, como siempre, Denzel Washington logra la misión imposible de que nos creamos su sobrehumano personaje y nos identifiquemos totalmente con él. De todas formas, no es para todos los estómagos.
Demasiado acción trepidante —a menudo, confusa— y poca entidad dramática o cómica ofrece este fallido reinicio (reboot) de las aventuras fílmicas de las famosas cuatro tortugas ninjas mutantes adolescentes —Leonardo, Donatello, Rafael y Michelangelo—, creadas en 1984 por Kevin Eastman y Peter Laird para los cómics de adultos de Mirage Studios, y ya llevada al cine y a la televisión —con tono juvenil— tanto en dibujos animados como en imagen real. El sudafricano Jonathan Liebesman (‘Invasión a la Tierra’, ‘Ira de titanes’) se limita a administrar el ritmo de las excelentes animaciones digitales y a conseguir que no desentonen Megan Fox y el resto de actores de carne y hueso. Pero nunca logra sorprender al espectador ni, por supuesto, dar un cierto calado a ninguno de los personajes. De hecho, hasta los abundantes golpes de humor resultan cansinos y previsibles.
En 1977, el fotógrafo de la revista ‘National Geographic’ Rick Smolan documentó magistralmente la odisea real de la joven aventurera australiana Robyn Davidson, que recorrió a pie 1.700 millas —unos 2.735 kilómetros—, con cuatro camellos y un perro, atravesando durante nueve meses los desiertos del Oeste de su país desde Alice Springs hasta el Océano Índico. El neoyorquino John Curran (‘El velo pintado’, ‘Stone’) recrea el libro autobiográfico de Davidson con vigor visual —sacando brillo a la agreste belleza de los paisajes que muestra— y con una sólida dirección de actores –que arranca a Mia Wasikowska una interpretación magnífica—, aunque también con una cierta superficialidad al mostrar las dramáticas motivaciones de la protagonista.
Parecen excesivas la Concha de Oro a la mejor película y la distinción al mejor director que ganó en el reciente Festival de San Sebastián 2014 este segundo largometraje tras la cámara del historietista madrileño Carlos Vermut (‘Diamond Flash’). Se trata de una críptica reflexión sobre la fragilidad de la condición humana y el vacío de las actuales sociedades desarrolladas, a través de tres capítulos titulados el mundo, el demonio y la carne. En ellos se entrecruzan los profundos dramas existenciales de un padre en paro con una hija enferma, una desequilibrada mujer rica y un anciano presidiario que sale de la cárcel temeroso de repetir su violento pasado. Dentro de su laconismo, las interpretaciones son bastante buenas. Y se agradece la sugestiva planificación de Vermut, así como el original realismo mágico de algunos de sus recursos visuales y musicales. Pero el conjunto resulta deslavazado, distante, a veces muy sórdido y siempre excesivamente fatalista.
Aunque se aprecia en ella algún esfuerzo de ponderación y un cierto afán de reconciliación, resulta demasiado esquemática y parcial esta dura recreación del secuestro y asesinato en 1983 de los etarras Joxean Lasa y Joxi Zabala por los Grupos Antiterroristas de Liberación (GAL), así como del famoso proceso judicial de 1995 contra sus autores. La falta de contexto político y social del guion de Joanes Urkixo —casi sin referencia a ETA ni al gobierno socialista— acaba decantándolo en exceso hacia una perspectiva abertzale, crítica con la Guardia Civil hasta la caricatura. Y aunque el donostiarra Pablo Malo (‘Frío sol de invierno’, ‘La sombra de nadie’) dirige bien a sus actores, no logra dotar de veracidad y aliento dramático a su puesta en escena, aunque para lograrlo recrea con desagradable sordidez y explicitud las secuencias de torturas y asesinato.
Confinado en una perdida central térmica de Siberia, un artista austriaco de performance encarga a tres enanos con poderes telepáticos y telequinésicos que roben algo que él denomina “La distancia”. Ni el alucinante paraje español donde ha sido rodado —la abandonada Central Térmica de Aliaga, en Teruel—, ni una sugestiva planificación a lo Andréi Tarkovski, ni algunos eficaces golpes de humor hacen mínimamente digerible este surrealista experimento del español Sergio Caballero (‘Finisterrae’), pues nunca se sabe hacia dónde se dirige su críptico argumento, desarrollado además casi sin diálogos y hablados en ruso. Está protagonizada por actores no profesionales, y ofrece un cameo de la actriz porno Sophie Evans.
El salmantino Juan Barrero debuta en el largometraje de ficción con este experimento narcisista, pedante y a veces pornográfico e irreverente, producido por el barcelonés Luis Miñarro. En él, Barrero establece un malsano paralelismo entre los agrios conflictos de una joven pareja española —aunque él no quiere tener hijos, ella se “autofecunda”— y un documental en danés sobre la polinización de una orquídea por un mosquito. Todo es grotesco y tedioso, hasta su manida visión de la Guerra Civil, que incluye una tosca apología de la ideología de género.



