Críticas de los estrenos de cine del 18 de julio
Análisis de los estrenos de cine de esta semana: Jerónimo José Martín comenta “El amanecer del planeta de los simios”, “Aviones: Equipo de rescate”, “Marsella”, “Corazón de león”, “Eyjafjallajökull (o simplemente ‘El volcán’)”, “Voy a ser mamá”, “La chica del 14 de julio” y “El lobo detrás de la puerta”.

El amanecer del planeta de los simios
Madrid - Publicado el - Actualizado
13 min lectura
El mundo ha cambiado mucho desde que hace diez años un grupo numeroso de simios genéticamente evolucionados se escaparan de un laboratorio de San Francisco. Mientras los monos, dirigidos por el inteligente y pacífico César (voz y gestos de
), han establecido una pujante colonia en un bosque cercano, la humanidad ha sido diezmada por un virus devastador atribuido a ellos y por cruentas guerras, de modo que en San Francisco sólo sobreviven malamente unos cuantos miles de hombres, mujeres y niños en condiciones penosas. En su intento de arreglar una presa cercana al bosque, para conseguir así electricidad, un grupo de humanos tiene un desafortunado encuentro con un grupo de simios. César intenta calmar a los simios, y Malcolm (
), a los humanos. Pero, dentro de cada una de las comunidades, algunos alientan la desconfianza, y claman incluso por exterminar o al menos someter a la otra especie. La guerra parece inevitable.
El neoyorquino
(“Mi desconocido amigo”, “Monstruoso”, “Déjame entrar”) lleva a buen puerto esta estupenda fábula distópica, que da continuidad a uno de los éxitos sorpresa de hace tres años: “El origen del planeta de los simios”, de
, notable precuela de la vieja saga de películas inspiradas en la novela del francés
Una serie muy popular, que inició en 1968 “El planeta de los simios”, de
, y continuó en “Regreso al planeta de los simios” (1970), “Huida del planeta de los simios” (1971), “La rebelión de los simios” (1972), “La conquista del planeta de los simios” (1973)... Esta nueva entrega quizás decepcione a algunos, pues incluye menos secuencias de guerra de las esperadas y asume su condición de pieza intermedia de una trilogía o franquicia. Pero desarrolla los poderosos dramas paralelos de las dos familias protagonistas —una humana y otra simiesca— con unas vigorosas interpretaciones y unas apabullantes animaciones digitales, que garantizan numerosas secuencias intimistas de gran intensidad emocional, y dan entidad dramática y moral a las secuencias de violencia entre especies, sobre todo en la bélica recta final.
De nuevo, brilla especialmente el trabajo vocal y gestual del actor Andy Serkis en su sensacional caracterización del simio César mediante animación por captura de movimiento. Y también están a gran nivel
como el siniestro Koba y
en la desgarrada piel de Ojos Azules, el hijo rebelde de César. Todos ellos transmiten gracias al virtuosismo de los animadores de WETA Workshop y al sólido guion de
, ayudados esta vez por
. Entre los tres desarrollan una atractiva galería de personajes simiescos y humanos, que afrontan muchas de las grandes cuestiones existenciales, como la familia, la educación, el respeto, el liderazgo, la integración racial —aquí, entre especies—, la ley moral natural, la opción por la paz… Todo ello, con realismo pero sin fatalismos nihilistas, con cierto optimismo pero sin ingenuidades buenistas ni ecologismos radicales, con una rica y nada maniquea visión de la naturaleza humana, de sus grandezas y miserias, y de sus frágiles plasmaciones sociales. En fin, temas muy interesantes, y bien hilvanados en la trama, que se ganarán el favor de aquellos espectadores que no se conforman con un impactante festival de efectos visuales y sonoros.
Los DisneyToon Studios fueron creados para producir películas de animación menores, pensadas para ser estrenadas directamente en DVD y BluRay. Pero, a veces, logran productos de tal calidad, que se estrenan en salas de cine. Ha pasado con casi todas las películas de la saga “Campanilla” fuera de Estados Unidos, y sucedió el año pasado con “Aviones”, singular spin-off disneyano de la saga de Pixar “Cars”, que recaudó más de 220 millones de dólares en todo el mundo, casi quintuplicando su presupuesto de 50 millones. Ahora repite sus pasos su continuación, “Aviones: Equipo de rescate”, dirigida por el especialista
(“La Película de Stitch”, “Leroy & Stitch”, “Campanilla. El secreto de las hadas”) y apadrinada también por
, que ha aportado su idea de partida.
Tras consolidarse como un famoso piloto de carreras, el modesto avión fumigador Dusty recibe una noticia nefasta: una pieza importante y descatalogada de su motor está estropeada, y va tener que dejar de competir si no quiere estrellarse. Entonces, desolado, Dusty acepta realizar el curso necesario para convertirse en avión de rescate y contraincendios. Se traslada así al bellísimo Parque Nacional de Piston Peak, donde recibirá instrucción del severo helicóptero Blade Ranger, en cuyo equipo están la extrovertida y enamoradiza Super Scooper Dipper, el helicóptero de carga Windlifter, el avión de transporte exmilitar Cabbie y una divertida y valiente pandilla de vehículos todoterreno, conocida como Los Smokejumpers. Juntos deberán luchar contra un espeluznante incendio, que pone en peligro todo el parque.
Funciona muy bien esta nueva tragicomedia de aventuras sobre las segundas oportunidades de la vida, el trabajo en equipo y las virtudes del verdadero héroe, que ofrece de paso un bello elogio de la fidelidad conyugal, la amistad, la solidaridad y el amor a la naturaleza, y una incisiva crítica a la especulación inmobiliaria y, en general, al economicismo individualista e insolidario. De nuevo, su guion es ágil, divertido y emocionante, y su animación, de altísima calidad, especialmente en la impresionante secuencia del incendio, donde brillan especialmente los efectos 3D estereoscópicos. Sigue pesando un poco su carácter excesivamente infantil, coral y pedagógico, que lleva a veces a la acumulación de gags, a la cierta esquematización de algún personaje secundario y a algún exceso discursivo. Pero, en general, se trata de una notable producción para toda la familia, muy por encima de sus pretensiones iniciales.
Por su alcoholismo y precariedad laboral, Sara (
) perdió hace cinco años la custodia de su hija Claire, entonces de cuatro años. Ahora Sara ha rehecho un poco su vida, y ha recuperado la custodia de Claire (
), que ya tiene casi diez años. Una incómoda situación para la niña, que sigue queriendo a su madre de acogida, Virginia (
), una cariñosa mujer de buena posición social, que también está desolada. Un viaje a la ciudad francesa de Marsella, en busca del padre de Claire, unirá a Sara, Virginia y la niña, que intentarán aclarar sus sentimientos mientras conocen a personajes singulares —como el divorciado camionero Jesús (
) y su hijo (
)—, e intentan zafarse del acoso de unos peligrosos narcotraficantes.
La tarraconense
(“El patio de mi cárcel”) se consolida como una espléndida directora de actrices en este irregular pero interesante melodrama familiar, con formato de road movie, en el que arranca a María León, Goya Toledo y la niña Noa Fontanals unas interpretaciones memorables, dignas de los más destacados reconocimientos. Facilita su labor un guion muy bien escrito, detallista en el retrato de los personajes principales, y con un tono sereno y ponderado, ni maniqueo ni ideológico, que muestra con honestidad todos los perfiles del complejo dilema humano que describe, siempre desde una perspectiva luminosa y responsable de la maternidad y la paternidad, alejada de la machista cultura del aborto y de las dogmáticas imposiciones de la ideología de género. En este sentido, cabe destacar los sabrosos personajes del camionero Jesús y su hijo —encarnados con desparpajo por Eduard Fernández y Àlex Monner, respectivamente—, así como la inesperada resolución de la intriga en torno al padre francés de Claire.
Ciertamente, el rollito amoroso-sexual de Sara resulta tópico y puntualmente obsceno. Y la subtrama policiaco-mafiosa incluye algunas situaciones poco verosímiles y menos sustanciales. También es verdad que algunos personajes secundarios —como el esposo de Virginia o los familiares de Sara— sólo están esbozados. Pero Belén Macías rueda todo con vigor, aprovecha muy bien las mejores secuencias del guion, y ofrece unos cuantos momentos de conmovedora intensidad emocional y gran hondura dramática y ética. Otra cosa es que una película así conecte con el público en fechas veraniegas como éstas. Parece un filme más apropiado para el otoño o invierno, en fechas próximas a los más importantes galardones del cine español, a los que, sin duda, puede optar en varias categorías, sobre todo interpretativas.
“Ivana Cornejo (
) es una exitosa abogada dedicada a los litigios de familia. Desde hace tres años está divorciada de Diego Bisoni (
), también abogado y socio del estudio Cornejo/Bisoni. Tras la pérdida de su móvil, Ivana recibe la llamada de alguien que lo encontró, con intenciones de devolvérselo. Es León Godoy (
), un arquitecto de gran renombre y con una personalidad arrolladora: simpático, galante, carismático... y también divorciado. En la charla telefónica que mantienen se establece una empatía inquietante, y ambos sienten un inmediato interés. Durante esa misma charla coordinan para encontrarse al día siguiente en una cafetería y allí concretar la devolución del móvil. Ivana es la primera en llegar. Unos minutos más tarde llega León y, al verlo, Ivana queda perpleja. León es todo lo que ella percibió, pero mide 1,36 m. Es el hombre perfecto, pero... demasiado bajo. A partir de ese encuentro, Ivana buscará superar esos cuarenta y cinco centímetros que le faltan al hombre de su vida. Así se enfrentará a las convicciones de una sociedad implacable y a sus propios prejuicios, que exigen a los hombres el éxito económico, profesional y esos ineludibles ciento ochenta centímetros de altura”.
Esta es la larga pero sabrosa sinopsis oficial de esta nueva comedia del argentino
(“Elsa y Fred”, “Tocar el cielo”, “Anita”, “Viudas”), que viene precedida de un notable éxito de público en su país. En ella, el cineasta cordobés maneja bien los efectos visuales de reducción —al estilo de la saga de “El Señor de los Anillos”— y exprime al máximo su singular planteamiento narrativo, manteniendo un ritmo envidiable y dosificando muy bien los gags cómicos —algunos divertidísimos— con los interludios dramáticos y las reflexiones más o menos serias sobre el amor, el trabajo y el querer a la gente con sus defectos. En este sentido, es fundamental el memorable despliegue interpretativo tanto de los protagonistas Guillermo Francella y Julieta Díaz —ambos espléndidos—, como de unos divertidos secundarios, entre los que destacan
(la secretaria de Ivana),
(la madre de Ivana) y
—hijo de Guillermo Francella—, que interpreta con gran frescura a Toto, el hijo de León. Todos ellos sacan brillos al chispeante guion, éticamente ligero y hasta frívolo respecto al matrimonio y al sexo, pero con una certera visión crítica de la cultura de las apariencias, del individualismo y del relativismo, en cierto modo nostálgica de las virtudes de los viejos caballeros andantes, que mantenían su altura moral aunque fueran muy bajos de estatura.
Para miles de viajeros de todo el mundo, la potente erupción del volcán islandés Eyjafjallajökull del 14 de abril de 2010 supone un duro golpe. Pero para Alain (
) y Valérie (
) significa una catástrofe. Ya que, para llegar a tiempo al pueblecito de Grecia donde se casa su hija Cécile (
), esta pareja de divorciados, que se odian a muerte, se verán obligados a viajar juntos por tierra, mar y aire, de Munich a Corfú, pasando por Austria, Eslovenia y Albania, mientras se hacen el uno al otro todo tipo de perrerías.
Se estrena directamente en la nueva plataforma digital CineOnLine (www.peliculasdecineonline.com) esta tosca road-movie disparatada del francés
(“Une pure affaire”), que extrema las situaciones cómicas ya descritas en otros filmes —como “La guerra de los Rose” (1989), de
—, y hasta cae en la irreverencia hacia el cristianismo en la grotesca secuencia de un pastor itinerante que viaja en su capilla-caravana. Ciertamente, al final se da una visión positiva del matrimonio y de las bodas religiosas según el rito ortodoxo. Pero, hasta ese momento, Dany Boon y Valérie Bonneton sólo generan unos cuantos gags verdaderamente divertidos, y acaban resultando cargantes.
Aleksandra (
) y Cyrille (
) son una pareja supercool de la clase media alta francesa. Ella es redactora-jefe de la revista de moda “Elle”, él es galerista de arte, ambos tienen amantes discretos, y todo en sus vidas parece perfecto. Sólo les falta un hijo. Así que adoptan a Aleksei (
), un pequeño huérfano ruso, que resulta ser un tirano colérico e imprevisible. Las equilibradas y rutinarias existencias de Aleksandra y Cyrille serán puestas a prueba hasta la desesperación.
“Una lamentable comedia sobre la adopción, sin ninguna gracia, que está al límite del mal gusto”. Este escueto comentario del crítico
en “The Hollywood Reporter” describe en sus justos términos esta cuarta película como directora de la actriz francesa Valérie Lemercier (“Quadrille”, “Le derrière”, “¡Palacio Real!”). Quizás cabría precisar que a menudo traspasa los límites del mal gusto —hasta caer en la zafiedad más cutre—, y añadir que su guion es tópico y arrítmico, no tiene ninguna gracia y adopta la frívola e irreal perspectiva moral —tan francesa— del todo vale. También carecen de personalidad la puesta en escena y las interpretaciones, tan cansinas que ni caen en el histrionismo. Un petardo, en fin, cuyos 98 minutos se hacen insufribles.
Un 14 de julio, Héctor (
) se cruza con Truquette (
) en el Louvre, y desde entonces no piensa más que en seducirla. Lo mejor sería llevarla a ver el mar. Su amigo Pator (
) piensa lo mismo, sobre todo si les acompaña su amiga Charlotte (
). Acosados por el inevitable Bertier (
), se lanzan por las pequeñas carreteras de Francia, donde ya nadie tiene ni un céntimo. Estamos en plena crisis. Hay que lograr que los ciudadanos vuelvan a trabajar. Para ello, el gobierno decide acortar el verano un mes, y adelantar a agosto la vuelta de las vacaciones.
El cortometrajista francés
debuta en el largometraje con esta singular comedia surrealista e irreverente, que supuestamente rinde homenaje al
más experimental y a otros cineastas de la primera Nouvelle Vague. En realidad, se trata de un desparrame sin pies ni cabeza, plagado de absurdos personajes, que parecen reivindicar el hedonista desmadre sexual de Mayo del 68 desde un planteamiento más ácrata o antisistema que propiamente de izquierdas. El caso es que el interés por sus problemas dura escasos minutos. Los demás, hasta el 88, son de puro estoicismo cinéfilo, sólo alentado por la esperanza de encontrar algún destello de humanidad y belleza entre tanta estupidez. Pero ese destello no aparece por ningún lado.
Una niña pequeña ha sido secuestrada en su colegio de Río de Janeiro por una mujer a la que ella conocía. En la comisaría, Sylvia (
) y Bernardo (
), los padres, y Rosa (
), amante de Bernardo y principal sospechosa, dan testimonios contradictorios. Al hilo de sus declaraciones van saliendo a la luz los sombríos rincones del deseo, la mentira y la perversidad que dominan las relaciones de esos tres patéticos personajes.
El cortometrajista brasileño
debuta en el largometraje con este sórdido thriller de cine negro, cuya intriga principal se articula según los clásicos parámetros de un interrogatorio policial —como en “Obsesión” o “El cartero siempre llama dos veces”, dos cumbres del género—, hasta decantar en una diversidad de puntos de vista, similar a la que empleó el japonés
en otra obra maestra: “Rashomon”. Coimbra no alcanza los altos niveles narrativos y estéticos de los filmes citados, sobre todo porque permite un par de trampas totalmente evitables y porque carga la mano en un sucio hiperrealismo, demasiado fatalista y muy desagradable en su morboso tratamiento de la violencia y el sexo. Es una pena, pues su puesta en escena resulta visualmente poderosa, las interpretaciones son notables y el filme acaba funcionando como parábola de la supuesta degradación moral de toda la sociedad brasileña.



