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Quince voluntarios reconstruyen Brinzal, devastado por Filomena

Tres cuartas partes de este centro de recuperación de aves rapaces han quedado destruidas. Solo dos aves murieron y una tercera escapó.

Quince voluntarios reconstruyen Brinzal, devastado por Filomena
Ramón García Pelegrín

Madrid

Tiempo de lectura: 2'Actualizado 19:49

Completamente devastado. Tres cuartas partes de las instalaciones están en el suelo. Las ocho naves de vuelo donde las aves completan su recuperación ya no existen”. Quien habla haciendo de tripas corazón es Patricia Orejas, coordinadora de Brinzal. Resulta desolador ver los graves efectos del tsunami de nieve que azotó Madrid hace diez días. Para llegar hasta el centro, ubicado en el corazón de la casa de campo, hay que hacer un recorrido marcado por el shock que deja el paisaje después de la batalla. El pulmón verde de Madrid convertido ahora en un cementerio de árboles. Casi seiscientos mil ejemplares gravemente dañados. Miles de ramas por doquier. Siete de cada diez ejemplares caídos en una batalla desigual frente a la cruel Filomena.



Lo primero que pensó Patricia al ver el caos reinante en este centro de recuperación de aves rapaces, nacido en los años ochenta, fue que todos los animales habían muerto. Afortunadamente, de las más de veinte aves que se encontraban allí, en lo más crudo de la cruda tempestad de nieve, solo murieron dos, una lechuza y un cárabo, mientras un tercer pájaro escapaba. El resto consiguió sobrevivir aunque ahora sufre estrés postraumático.

Patricia reconoce a COPE que “nadie se podía esperar algo así. Ya habíamos tenido algún problema con la nieve en algún techo en el pasado, pero nada parecido a la destrucción de ahora. Hay que volver a hacer el trabajo de 35 años casi partiendo de cero”. Patricia agradece las ayudas económicas y aportaciones recibidas así como el trabajo sin descanso de un grupo de quince voluntarios que no se lo han pensado dos veces a la hora de arrimar el hombro en un trabajo sin descanso, arrastrados por el espíritu Brinzal. Llevan recaudados veinte mil euros pero necesitan cinco veces más. Si alguien quiere ayudar lo mejor es contactar con ellos a través de su página web. Patricia cree que para el próximo verano estarán en pie, al menos, la mitad de las instalaciones.

Nacho es uno de esos voluntarios: “Cuando llegué tres días después del desastre a esta zona cero de Brinzal tuve una sensación de no saber por dónde empezar. Los organizadores lo han hecho muy bien porque siempre había muchísima tarea, desde limpiar el mantenimiento básico de los pájaros a retirar nieve, hielo y escombros. Ahora lo prioritario es desescombrar para que el terreno se quede llano y desmantelar las estructuras dañadas. Hay que seguir desbrozando terreno. El día a día de Brinzal ya es duro de por sí. Que siga funcionando el centro con todo lo que ha pasado tiene mucho mérito. El espíritu Brinzal nos va a ayudar”, remata Nacho, la frente perlada de sudor y la mascarilla subiendo y bajando, ante la expresividad y energía de este amante de los animales que vuelan.

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