Madrid - Publicado el - Actualizado
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Que la misericordia de Dios alcance al pecador incluso en el rincón más alejado del mundo, es el gran propósito del Papa en la Cuaresma que arranca el 10 de febrero. La celebración del Miércoles de Ceniza en la Basílica de San Pedro estará coronada por la presencia de las reliquias de dos santos contemporáneos y célebres confesores, el padre Pío de Pietrelcina y Leopoldo Mandic. Francisco enviará también por todo el mundo a los llamados Misioneros de la Misericordia, sacerdotes que recibirán el encargo especial de llevar el perdón de Dios a las personas y situaciones más alejadas, iniciativa que se suma a la de autorizar a todos los sacerdotes a absolver de pecados reservados al obispo, como el aborto. Se trata de un llamamiento a la conversión prácticamente puerta a puerta. Francisco se ha propuesto revitalizar el sacramento del perdón en un mundo que ha olvidado el sentido profundo de esta palabra, porque piensa que el arrepentimiento es un sentimiento negativo que debe ser erradicado. Todo lo contrario: en el Año de la Misericordia el Papa insiste la importancia de la reconciliación con Dios para volver a empezar una y otra vez. Quien ha experimentado en su vida este perdón, subraya el Pontífice, se hace consciente de su vulnerabilidad y de la de los demás, lo que le predispone a perdonar y a amar a los otros. Esta es la gran pedagogía del sacramento de la reconciliación que toda la Iglesia está llamada hoy a redescubrir.



