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08 DE AGOSTO

El mantra del progresismo

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El lema de “Por un gobierno progresista”, que preside todas las salas de reuniones del Partido Socialista, se ha convertido en una especie de mantra político destinado a seducir a la sociedad como la única manera de asegurar el bienestar. Por supuesto, se trata de un señuelo de atractiva apariencia que pretende apartar la vista de otras realidades que afectan a la convivencia social y las propias libertades individuales que pretende defender. El progresismo, que tiene sus raíces en la Revolución Francesa y en el liberalismo norteamericano, se ha transmutado en una especie de “religión civil” de la izquierda que aspira a descomponer las convicciones morales de la mayoría social, consideradas de manera despreciativa como “conservadoras”. Los principios del progresismo que Pedro Sánchez defiende con tanto ahinco, se basan en un laicismo agresivo, junto a un feminismo radical y, sobre todo, en la ideología de género que niega las diferencias biológicas de hombres y mujeres.

El objetivo final es desterrar las tradiciones culturales, religiosas, éticas y morales que han dado forma a la civilización occidental, para imponer un pensamiento único y acrítico como dogma principal. El resultado al que se aspira es el de construir una sociedad sin memoria ni voluntad para la superación personal y, por tanto, fácilmente moldeable, muy cercana a las sociedades sovietizadas del pasado siglo. Si antaño fueron necesarios los ideales de progreso social en el marco de las luchas contra la opresión del viejo régimen, lo que hoy necesita la sociedad es sobre todo, una estabilidad económica y ética que garantice, a su vez, la estabilidad social y familiar, dentro de un ordenamiento social más justo y coherente con la verdad y la dignidad de la persona humana.

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