Línea editorial: Europa se despuebla, África se desborda

 

Tiempo de lectura: 2' Actualizado 13:13

Es evidente que la llamada crisis migratoria está cambiando la fisonomía social y política de Europa, con la irrupción de partidos y gobiernos defensores del cierre de fronteras a los inmigrantes. Analizar este fenómeno, que no es nada nuevo en la historia de la humanidad, requiere cuando menos una fuerte dosis de ecuanimidad y, sobre todo, de capacidad para ver el futuro que nos espera, sin olvidar un factor esencial como es la solidaridad humana. Es un hecho que, a medida que crece el bienestar y desciende la natalidad, Europa se despuebla al tiempo que África no deja de desbordarse por su elevada natalidad, directamente proporcional a la pobreza endémica y la violencia que sufren sus países. Se da la paradoja de que mientras Europa necesita mano de obra especializada, la inmigración que nos llega es de personas sin formación alguna que difícilmente pueden integrarse en nuestro mundo desarrollado.

Los gobiernos europeos no han sabido todavía elaborar un acuerdo que regule las corrientes migratorias según las necesidades recíprocas. De ahí el choque de demagogias de quienes solo ven ante sus narices oportunidades electorales. Que la Comisión Europa nos envíe ahora unos cuantos millones de euros para atender a los recién llegados, no deja de ser un parche oportunista que nada resolverá. El “plan Marshall” para África del que ha hablado Pablo Casado, está sobre la mesa de Bruselas desde hace años, sin que nadie haya encontrado el momento para plantearlo con todo el rigor que el problema exige. O se ayuda a los países africanos a formar profesionalmente a sus gentes como instrumento de desarrollo humano y económico o viviremos en la continua zozobra de no saber qué hacer con estos seres humanos, sin oficio alguno, condenados a vivir de las migajas que caen de la mesa de los opulentos y, al mismo tiempo, desorientados europeos.

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