22 DE AGOSTO

Dublín, atención mundial de las familias cristianas

 

Tiempo de lectura: 2' Actualizado 30 ago 2018

Todo los ojos de la Iglesia están fijos, desde ayer, en el Encuentro Mundial de las Familias que se desarrolla en Dublín y que contará con la presencia del Papa Francisco este fin de semana. El acontecimiento, repetido cada tres años en un país distinto desde que se celebró el primero en 1992 bajo el impulso de Juan Pablo II, ofrece en esta ocasión un especial interés por las palabras y los gestos del Papa después de la conmoción que el orbe católico sufre por las nuevas revelaciones de abusos cometidos en el ámbito eclesial en Pensilvania. De hecho, el programa del Encuentro lo ha querido modificar el propio Francisco al incluir una reunión con víctimas y familiares de abusos similares ocurridos años atrás en Irlanda.

Pero este matiz no quita sino que ofrece un relieve aún mayor a esta magna asamblea de familias procedentes de todo el mundo, a las que Francisco envió ayer un videomensaje para subrayar los desafíos a las que se enfrentan para encarnar el amor fiel y educar a los hijos con valores sanos, en un tiempo que tantos y profundos cambios sociales experimenta desde hace décadas. En su exhortación apostólica “Amoris Laetitia”, publicada hace dos años, considerada como la Carta Magna de la Familia, el Papa ya insistía en que el bien de la familia es decisivo para el bien del mundo, además de ser el núcleo fundamental para el progreso de cualquier sistema social y uno de los pilares esenciales de la Iglesia. Ya decía Juan Pablo II al emprender esta serie de Encuentros mundiales, que en la familia se fragua el futuro de la Humanidad y que difícilmente podría progresar el mundo sin la familia, primera escuela de la vida. En Dublín se trata, en definitiva, de analizar y profundizar las formas de protección de la estructura familiar, frente a la difusión una mentalidad que manipula todo y trata de destruir la esencia misma de la familia.

Lo más