7 de septiembre

Gratitud por la vida de un sacerdote ejemplar

Anastasio Gil ha sido un colaborador tan discreto como eficaz del ministerio episcopal en España.  Su trabajo al frente de Obras Misionales Pontificias ha supuesto un relanzamiento de esta institución.

 

Tiempo de lectura: 1' Actualizado 12:22

La historia reciente del movimiento misionero en España no podrá entenderse sin la persona del sacerdote Anastasio Gil García, director nacional de Obras Misionales Pontificias y del secretariado de Misiones de la Conferencia Episcopal, fallecido hoy después de una larga y dolorosa enfermedad.

Nacido en Veganzones, provincia de Segovia, después de sus estudios en la Universidad Pontifica Comillas y en la Universidad de Navarra, sus dos grandes pasiones apostólicas fueron la catequesis y las misiones, ámbitos en los que ejerció cargos tanto diocesanos como nacionales. Como ha subrayado el Secretario General de la CEE, fue un trabajador apasionado e infatigable, entregado plenamente al anuncio misionero. Era un hombre de recia espiritualidad castellana, que sabía escuchar a las personas y no quedarse impasible ante sus necesidades, en particular las de los más pobres. Y para él la mayor pobreza era carecer de la palabra vivificadora del Evangelio.

Anastasio Gil ha sido un colaborador tan discreto como eficaz del ministerio episcopal en España. Su trabajo al frente de Obras Misionales Pontificias ha supuesto un relanzamiento de esta institución, en uno de los países que más misioneros han ofrecido a la Iglesia universal. Todos ellos encontraron siempre en él un padre y un hermano atento a sus necesidades de todo tipo. La Iglesia en España da gracias por la vida de este sacerdote ejemplar, que dejaba por donde pasaba el inconfundible perfume del Evangelio. Descanse en paz.

Lo más