LÍNEA EDITORIAL
Etiopía se desangra
Hay que agradecer al Papa que sea una de las escasas voces que ponen sobre la mesa la tragedia y que no miran para otro lado

Etiopía se desangra
Madrid - Publicado el - Actualizado
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Al finalizar el rezo del Ángelus, el Papa expresó ayer su preocupación por el empeoramiento del conflicto civil en Etiopía, que se alarga desde hace más de un año y que apenas tiene eco entre la actualidad de los grandes medios de comunicación. Etiopía se desangra en una guerra civil que ha provocado ya miles de muertos y desplazados en un país azotado por la hambruna y con una complejidad enorme, al tener una gran cantidad de grupos étnicos, muchos de ellos con fuertes reivindicaciones soberanistas. El entusiasmo que despertó la elección de su joven primer ministro, Ahmed Abiy, no ha durado ni tres años. Su empeño reformista, su trabajo en pos de la paz con Eritrea y su firme persecución del terrorismo islamista abrieron una puerta a la esperanza que, por desgracia, se ha ido desvaneciendo hasta el punto de que el propio Presidente se ha convertido en adalid de la guerra, que aviva con declaraciones incendiarias.
No se nos escapa la importancia del Cuerno de África en el complejo puzle de las relaciones internacionales. Naciones Unidas ha pedido un alto el fuego inmediato. A la vista está que esa petición es tan necesaria como insuficiente, hay que agradecer al Papa que sea una de las escasas voces que ponen sobre la mesa la tragedia y que no miran para otro lado. Como subrayó Francisco, hay que rezar por esos pueblos tan duramente probados y ponerse manos a la obra para que prevalezcan la concordia y la vía del diálogo.



