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La droga y la estabilidad de Marruecos

El cultivo del “kif”, nombre que se da en Marruecos al cannabis, vuelve a ser objeto de un apasionado debate en nuestro vecino país

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El cultivo del “kif”, nombre que se da en Marruecos al cannabis, vuelve a ser objeto de un apasionado debate en nuestro vecino país. El debate se remonta a los tiempos del Protectorado, cuando las autoridades españolas y francesas optaron por una política que fluctuaba entre la tolerancia y la represión, pero sigue vivo en nuestros días ante la envergadura que este cultivo representa no solo para la economía nacional sino para la estabilidad política. Recientemente, el Consejo de la región del Norte, que abarca desde Nador y Alhucemas a Tetuan y Tánger, autorizó un estudio económico y social sobre la legalización del cultivo de esta droga del que depende una parte importante de la población, gracias al tráfico ilegal del que se benefician gran número de mafias internacionales, como bien saben los servicios aduaneros y la Guardia Civil.

Para entender lo que representa la economía más o menos sumergida del “kif” basta con visitar Tánger, cuya población y extensión geográfica ha aumentado más de un mil por ciento en las últimas décadas, al tiempo que se extendía el cultivo de la droga en toda la zona del tradicionalmente levantisco Rif. El Gobierno marroquí no ha avalado la decisión del Consejo regional del Norte, pero después de las revueltas que se han registrado en Alhucemas, es consciente de que pisa un campo minado en el que se juega la estabilidad política y social del país. La decisión que se tome en el futuro afectará a la emigración de marroquíes así como a la entrada de la droga en Europa, que se verá forzada a tomar las correspondientes medidas.

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