La democracia no es un juego de mesa

¿Qué ha cambiado en seis meses? Esa es la pregunta que ayer a mediodía se hacían cientos de miles de españoles 

Audio

 

Tiempo de lectura: 1'Actualizado 00:02

¿Qué ha cambiado en seis meses? Esa es la pregunta que ayer a mediodía se hacían cientos de miles de españoles. Lo que no fue posible en abril se ha resuelto en menos de cuarenta y ocho horas. Pedro Sánchez, maestro en el arte de la simulación, lo ha explicado sin pestañear. Él no quería a Unidas Podemos en el Gobierno pero las urnas se lo piden y él acata la decisión del pueblo. No importa si convocó elecciones para obtener una mayor representación o si en su beneficio conseguía forzar el aumento de apoyo a VOX para así reducir la diferencia con el PP. Lo único importante es que los españoles hemos ido a elecciones para que Pedro Sánchez pudiera gobernar.

La democracia no es un juego de mesa para una tarde fría de otoño, ni tampoco una prueba de laboratorio que ensayamos hasta obtener el resultado deseado. Ojalá los españoles, incluidos el Partido Socialista y lo que queda de Ciudadanos, aprendamos por fin esta lección. Nuestra democracia parecía estable y no lo es. Y no solo porque el desafío independentista ha quebrado la convivencia y amenaza a la normalidad institucional, sino porque en muy pocos meses las pasiones se han adueñado de las urnas generando tensiones y enfrentamientos que serán difíciles de restañar. El Gobierno que ahora se delinea puede ahondar en esas tensiones si se guía por un radicalismo ideológico que ya asoma en el acuerdo firmado por Sánchez e Iglesias, y que tiene poco que ver con el gran pacto de la Transición. 

Lo más