Boletín

16 DE ABRIL

Arde el corazón de la vieja Europa

Cada uno de nosotros recordará dentro de muchos años dónde estaba en la tarde del 15 de abril de 2019

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Tiempo de lectura: 1'Actualizado 19:03

Cada uno de nosotros recordará dentro de muchos años dónde estaba en la tarde del 15 de abril de 2019, mientras veía con estupor cómo se venía abajo la aguja de Notre Dame, devorada por las llamas. La Catedral de Nuestra Señora de París, símbolo de toda una época, de una civilización y, por lo tanto, de una manera de entender el mundo, ha estado a punto de ser destruida por completo, tras ocho siglos en pie. Muy probablemente el origen de la tragedia ha estado en un incendio ocasionado en la zona de obras de restauración que se estaban llevando a cabo.

Afortunadamente, y a pesar de los gravísimos daños patrimoniales, no ha habido que lamentar víctimas mortales, se han salvado los tesoros del interior y, a la espera de ver cómo resistirá tras el fuego, ha aguantado también en pie la estructura de la Catedral. 

Esa resistencia es, en sí misma, una metáfora. Aunque es inevitable trazar una oscura analogía entre el corazón en llamas de uno de los iconos de la vieja Europa y nuestro tiempo cargado de incertidumbres, hay elocuentes signos de esperanza que apuntan al resurgimiento de entre las cenizas. Era emocionante ver ayer a tantas personas, de rodillas en las calles de París, cantando sencillas plegarias mientras Notre Dame ardía. Y también la solidaridad y la conmoción de tantas personas, que aun alejadas de la fe cristiana, reconocen en este monumento un signo elocuente del alma de Europa, y sienten que no se debe perder su significado, bien arraigado en la tierra y al mismo tiempo siempre apuntando hacia lo más alto.

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