El silencio atronador del sepulcro vacío

Decía estos días el cardenal Pizzaballa que vivir en Tierra Santa significa aceptar la contradicción de que “el lugar de la resurrección sea también el lugar del Calvario”

Pizzaballa ora por la paz desde el huerto de Getsemaní
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La Línea Editorial del domingo 5 de abril

Redacción digital

Madrid - Publicado el

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Hay silencios atronadores y ausencias que acaparan todas las atenciones. Como el sepulcro vacío que relatan los evangelios. Joseph Ratzinger decía en su libro ‘Jesús de Nazaret’ que aquel suceso imprevisto explica la mutación por la cual el pequeño grupo de discípulos asustados y escondidos de la ira de sus perseguidores tras la ejecución del Maestro adquirió una determinación más allá de cualquier lógica humana, y terminó propagando el anuncio de la Resurrección por todos los rincones del planeta. “La última palabra de Dios para nosotros es el sepulcro vacío”, decía en esta Semana Santa el cardenal Pizzaballa, patriarca de Jerusalén. 

El contexto en el que se han pronunciado estas palabras tiene mucho en común con el de hace dos mil años. Son tiempos duros en Tierra Santa y Oriente Medio. Un año más, Tierra Santa ha celebrado la Semana Santa sin peregrinos y sin los ingresos que permiten un sustento a la ya diezmada población cristiana. 

Decía estos días el cardenal Pizzaballa que vivir en Tierra Santa significa aceptar la contradicción de que “el lugar de la resurrección sea también el lugar del Calvario”. Por eso, añadía, cuando “parece que la oscuridad ha vencido”, “estamos llamados a ser testigos de un amor que no se rinde” ni desespera. Estas palabras no tenían nada de metafóricas para la audiencia a la que iban dirigidas. Desde la fragilidad, sin gritos ni aspavientos, el testimonio de estas comunidades llega como un eco fiel de aquel sepulcro vacío.

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