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Matanza en Nueva Zelanda

 

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Tres terroristas han asesinado en Nueva Zelanda a 49 personas y herido gravemente a más de 40 en dos atentados perpetrados contra los fieles que rezaban en sendas mezquitas. Entre los heridos y fallecidos hay niños y adultos que participaban en la oración del viernes. El uso del terror indiscriminado es un recurso que no entiende de nacionalidades. En este caso los autores de la matanza son supremacistas blancos que llevaban planeando el atentado unos dos años, y cuyo objetivo prioritario era amedrentar a la población de religión musulmana.

Los asesinos han querido que su atentado alcanzara la máxima difusión y durante 17 largos minutos los usuarios de redes sociales han podido estremecerse ante una matanza que se perpetraba en directo y que pretendía multiplicar la atmósfera de miedo.

Nueva Zelanda, según han reconocido las autoridades del país, ha perdido la inocencia. Un país que no suele ofrecer malas noticias se dispone a asumir el horror de esta matanza, reconsiderar su política de control de armas y enfrentar la difusión de mensajes violentos dirigidos a estigmatizar y condenar a grupos humanos por razón de su raza, color de piel o religión. Cabe recordar la Declaración de Abhu Dhabi, en la que cristianos y musulmanes confiesan juntos que Dios nos ha dado la vida para protegerla, nunca para destruirla. Erradicar el odio y educar en el significado auténtico de la vida es una gran tarea en este momento histórico.