Garzón al frente de la Comisión de la Verdad
Hay serios interrogantes sobre el objetivo declarado de la Comisión que siempre se disimula convenientemente

Escucha la Línea Editorial del lunes 30 de marzo
Madrid - Publicado el
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La reciente designación de Baltasar Garzón como presidente de la llamada “Comisión de la Verdad”, impulsada por el Gobierno, ha abierto interrogantes que conviene no despachar con ligereza. Hay serios interrogantes sobre el objetivo declarado de la Comisión, que siempre se disimula convenientemente, y que en esta ocasión parece ser esclarecer violaciones de derechos humanos. Y hay interrogantes graves porque el poder político no es quién para definir cuál es la “verdad”, ni ahora ni en nuestra historia reciente, y porque este gobierno ya ha dado pruebas suficientes de una comprensión sectaria de la memoria y del odio, aunque lo escriba con “h”.
Esta nueva ocurrencia del Gobierno se remata colocando al frente a Baltasar Garzón, juez condenado por prevaricación y apartado de la carrera judicial. Por si faltara algo, el propio Garzón formaba parte del órgano que debía elegir al presidente, y habría participado en una votación en la que también intervino su hija, integrante del mismo Consejo.
A estas alturas, a Sánchez parece darle igual todo. No hay otra explicación para insistir en este tipo de comisiones ideológicas y en poner al frente a un juez desacreditado por sus compañeros y marcado por un evidente compromiso ideológico. En todo caso esta es una Comisión que nunca debió existir y que sólo responde al programa máximo de esta legislatura: levantar un muro que divida a los españoles.



