ETA: sin reconocimiento del mal causado
Para que ETA se convierta verdaderamente en un hecho del pasado es necesario que se repudie claramente lo que hizo

Escucha la Línea Editorial del lunes 23 de marzo
Madrid - Publicado el - Actualizado
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Desde este lunes, la exdirigente de ETA Soledad Iparraguirre, conocida como Anboto, goza de un régimen de semilibertad gracias a la política penitenciaria del Gobierno Vasco. Anboto, que participó en 14 asesinatos, ha cumplido hasta el momento una condena de solo seis años. La decisión ha provocado el lógico dolor en las víctimas.
La decisión sobre Anboto y otros responsables de delitos con sangre de la banda terrorista de ETA es especialmente hiriente porque no ha habido un reconocimiento del mal causado. La justicia restaurativa nos ha enseñado que para las víctimas es esencial que los victimarios sinceramente pidan perdón. El problema de esta política penitenciaria del Gobierno vasco está agravado por el hecho de que el mundo heredero de la banda terrorista reivindica lo que sus miembros hicieron.
La reivindicación, de un modo u otro, de una violencia que asesinó a cerca de 1.000 personas contamina y ensucia el presente de la sociedad española. Para que ETA se convierta verdaderamente en un hecho del pasado es necesario que se repudie claramente lo que hizo. Incluso en el caso de que Anboto y otros líderes de la banda terrorista cumplieran la integridad de sus penas, si no se reconociera la injusticia radical que provocó su actuación, no se podría superar una de las páginas más oscura de nuestra historia. No es una cuestión que afecta solo a las víctimas directas del terrorismo, toda España, de un modo u otro, sufrió el mal causado por el terror.



