El derecho internacional, víctima colateral en Palestina
Sin países que se planten ante lo que se investiga como genocidio, apenas habrá esperanzas de salvar el derecho internacional

Escucha la Línea Editorial del viernes 22 de agosto
Madrid - Publicado el
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Benjamin Netanyahu dice que está dispuesto a negociar con Hamás un alto el fuego, pero la toma de Ciudad de Gaza sigue adelante. La ONU advierte de que la tragedia humanitaria producida hasta ahora puede palidecer al lado de lo que se avecina. Para el Gobierno israelí, queda claro que el verdadero objetivo es adueñarse de la tierra. Apenas se molesta ya en ocultarlo. Mientras avanza en Gaza, ha resucitado un controvertido plan para la colonización de Cisjordania que, en la práctica, recluye a la población palestina en áreas similares a los ‘bantustanes’ de la Sudáfrica del Apartheid. Este fue siempre el objetivo de algunos sectores en Israel, ni mucho menos solo los más nacionalistas.
Hasta los brutales atentados de Hamás en 2023, funcionó bien la estrategia de hechos consumados, hipócritamente tolerada por la comunidad internacional. Y a punto estuvo Israel de normalizar sus relaciones con los países árabes sin pagar a cambio el precio de la paz con Palestina. Todo eso saltó por los aires el 7 de octubre, como quería Hamás. Pero en los cálculos de Hamás difícilmente se contemplaba una huida hacia delante de Netanyahu como la producida. El regreso de Donald Trump le ha proporcionado el aval total de EE.UU., y con eso le basta. Europa, impotente e inoperante, reacciona de manera muy tibia para lo que requerirían las circunstancias. La cruda realidad es, sin embargo, que sin una masa crítica de países que se planten ante lo que la Corte Internacional de Justicia investiga como genocidio, apenas habrá esperanzas de salvar lo que todavía queda hoy en pie del derecho internacional.