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¿Se puede comprar una nación? Cuando Trump trató de adquirir Groenlandia

En 2019, el magnate norteamericano sopesó la idea de adquirir la isla de Groenlandia, territorio perteneciente a Dinamarca. Joe Biden ha desterrado cualquier posibilidad

Una vista de Nuuk, capital de Groenlandia

Christian Klindt SoelbeckEFE/EPA

David Ferreiro

Tiempo de lectura: 4'Actualizado 13:18

Los cuatro años de Donald Trump al frente de la Casa Blanca fueron más que suficientes para que el multimillonario empresario protagonizara un sinfín de polémicas.

La primera, y posiblemente la más famosa de ellas, fue su plan para construir un muro que separase las fronteras entre México y Estados Unidos, una medida que no llegó a completarse a pesar de su insistencia.

Sin embargo, muchas han sido las declaraciones incendiarias que le han puesto en el punto de mira en varias ocasiones, como cuando mostró abiertamente su intención de aquirir la isla de Groenlandia, territorio autónomo perteneciente al Reino de Dinamarca.

Ocurrió en agosto de 2019 y la propuesta, que nunca llegó a nada formal, parecía más propia de una estrategia empresarial que de un movimiento político.

De esta manera, Trump hacía gala de su olfato para los negocios, puesto que la adquisición de este territorio hubiera sido ampliamente beneficiosa para los Estados Unidos, pero a nivel político y social la medida carecía de ningún tipo de sentido o de garantía.

Esta propuesta no gustó nada en Copenhague ni mucho menos en Nuulk, la capital de la isla, al mismo tiempo que tampoco parecía convencer a varias organizaciones internacionales.

No por nada, Groenlandia pertenece al Reino de Dinamarca, país miembro de la OTAN y del Consejo Ártico, organizaciones a las que también pertenece un Estados Unidos que, de llevar a cabo el disparatado plan de Trump, podría buscarse problemas y tensiones alrededor del mundo.

Pero, ¿qué es lo que interesaba en Groenlandia?

La importancia y el interés de Trump en esta extensa isla se debían a tres factores principales: la estrategia, la economía y el poder militar.

A nivel geoestratégico adquirir Groenlandia significaría extender las fronteras de los Estados Unidos hacia el este, acercándose a Europa y ganando un mayor peso en el Ártico y en la ruta del Norte, zona en la rivalizan con varias naciones, pero especialmente con Rusia. Del mismo modo, la presencia marítima estadounidense también se ampliaría sustancialmente, así como los kilómetros de costa y de aguas nacionales.

Este factor está estrechamente ligado al militar, ya que a mayor extensión mayores posibilidades. La ubicación de la isla a medio camino entre Europa y América, la convertirían en un punto interesante para el control militar estadounidense, que ya cuenta con una base en la zona, conocida como la Base aérea de Thule.

Por otro lado, esto permitiría monitorizar más de cerca los movimientos rusos por la parte europea, zona en la que Estados Unidos tiene menor presencia.

Por último está el factor económico, ya que la virginidad de la isla ofrece una gran variedad de recursos poco explotados que podrían ser motivo más que suficiente para que los Estados Unidos decidieran incorporar el territorio como su estado número 51.

Así, Groenlandia no solo destaca por su actividad pesquera y portuaria, si no también lo hace por la gran riqueza de su subsuelo, en el que se encuentran minerales preciosos, materias primas y reservas de petróleo y gas.

Las particularidades de la isla

Groenlandia es la isla más grande de todo el planeta sin contar a Australia, territorio considerado por muchos como un continente.

Sus más de dos kilómetros cuadrados de extensión, con un territorio más del doble de grande que la segunda isla de mayor tamaño del planeta, Nueva Guinea, la convierten en una región más que interesante.

Sin embargo, casi el 80% de su territorio se encuentra cubierto completamente por hielo, lo que limita sus posibilidades de una manera importante, como muestra el hecho de que es uno de los lugares del planeta que cuenta con una menor densidad de población ( 0,026 hab/km²).

Una vista del puerto de Nuuk, capital de Groenlandia

Christian Klindt SoelbeckEFE/EPA


Su escasa población, de apenas unas 58.500 personas, se reparte en varios terriotorios, aunque la mayor parte de esta reside en la capital y ciudad más importante de la isla, Nuuk, que con 19.000 residentes congrega a casi la mitad de los habitantes totales del territorio.

La isla ha estado históricamente vinculada a Europa desde hace siglos, a pesar de su mayor cercanía geográfica con el continente americano, con la única excepción de Islandia, a unos 250 kilómetros de distancia.

Es dependiente de Dinamarca, país al que pertenece, sobre todo en materia económica, a pesar de conseguir bastante autonomía a lo largo de los años, obteniendo su autogobierno en el reciente 2009.

Desde ese año, Dinamarca solo se encarga de las competencias relacionadas con asuntos exteriores, seguridad y de la política financiera, además de representar de manera internacional a la isla.

¿Hubo posibilidades?

Lo cierto es que nunca hubo, o al menos según parece, ningún tipo de posibilidad de que los Estados Unidos adquiriera la isla.

Para comenzar, cuando se esbozó la idea a través de las palabras de Trump, tanto Dinamarca como la propia Groenlandia negaron la posibilidad, al defender que Groenlandia pertenece en exclusiva a los groenlandeses, al mismo tiempo que calificaban la iniciativa como absurda.

Jamás se sentaron a negociar y tampoco lo harán ahora, ya que tras la llegada de Biden a la Casa Blanca se desterró la idea, como así confirmó el secretario de Estado del país, Antony Blinken.

Y es que la compra del territorio no solo habría derivado en un sinfín de tensiones de varias naciones hacia los Estados Unidos, si no que también contaría con el problema de la población, que no podría cambiar de país de un día para otro sin tener poder de decisión.

Aunque la cifra propuesta, si es que la hubo, no llegó nunca a ser pública, el Washington Post hizo una estimación del valor del terriorio en unos 38.000 millones de dólares.

Del mismo modo, y aunque hoy en día pueda parecer toda una locura, lo cierto es que Estados Unidos ya realizó operaciones similares en el pasado, como cuando le compró Alaska a Rusia en 1867 por 7,2 millones de dólares, lo que al cambio serían unos 117 millones en la actualidad.

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