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El experimento Tuskegee, uno de los capítulos más oscuros de la historia de la medicina en Estados Unidos

Para entender bien todo lo que ocurrió hay que remontarse a la década de los años 20, cuando no existía ningún tratamiento fiable para la sífilis

El experimento Tuskegee, uno de los capítulos más oscuros de la historia de la medicina en Estados Unidos

Tiempo de lectura: 2'Actualizado 01:48

El experimento Tuskegee es uno de los episodios más controvertidos de la historia de Estados Unidos y de la medicina general. Su desarrollo fue realizado entre los año 1932 y 1972 en el estado de Alabama y consistió en utilizar a 600 aparceros afroamericanos como conejillos de india para comprobar el desarrollo de la sífilis, desde la fase inicial hasta el momento de la muerte.

Al final de la investigación habían perdido la vida 28 participantes fruto de esta enfermedad y otros 100 debido a complicaciones relacionadas con ellas. Además, 40 mujeres habían sido infectadas y 19 bebés habían nacido con la enfermedad.

Para entender bien todo lo que ocurrió hay que remontarse a la década de los años 20, cuando no existía ningún tratamiento fiable para la sífilis. En este sentido, el Servicio Público de Salud y el Instituto Tuskegee decidieron estudiar durante un periodo de seis a ocho meses la población infectada que habitaba en el condado de Macon. Lo que no esperaban es que iban a ser engañados y enfermados a propósito.

En un primer momento el experimento contó con 399 varones afroamericanos, así como con 201 sanos. En este sentido, se dijo que los enfermos tenían "mala sangre", una palabra que se utilizaba para referirse a varias enfermedades. A cambio de la participación, se ofrecía comida, alojamiento y seguro de deceso a los participantes.

Respecto a la autoría se reconoce al doctor Taliaferrro Clarck como su principal impulsor, aunque un año después decidió marcharse, dejando el experimento en manos de Oliver Wenger, que en un correo remitido a uno de sus compañeros se felicitaba por su capacidad para engañar a los "negratas".

Uno de los momentos más críticos del caso se produce en el año 1947, cuando la penicilina comenzó a difundirse como tratamiento para la sífilis. Esta nueva variante no provocó la detención del experimento, que se siguió realizando sin suministrar penicilina a ninguno de los pacientes. La realidad es que entre los años 30 y 40 del pasado siglo XX la situación había cambiado, en especial por la salida a la luz de la experimentación nazi durante el Holocausto, pero no fue hasta el año 1964 cuando la Organización Mundial de la Salud obligó a que todos los experimentos con humanos tuviesen el consentimiento expreso de los participantes, pero el criterio de este no se revisó ni se supervisó.

Fue en el año 1972 cuando, en el mes de julio, los periódicos Washington Star y The New York Times hicieron público en sus primeras páginas los secretos de Tuskegee. En apenas unas jornadas este proyecto fue clausurado. Por aquel entonces solo 74 participantes quedaban vivos, y tanto ellos como los familiares de las víctimas se repartieron nueve millones de dólares en concepto de indemnización.

Desde el Gobierno de Estados Unidos, Bill Clinton se disculpó en 1997 de forma oficial con los cinco supervivientes, pero a pesar de las disculpas, los efectos de este experimentos siguen estando patentes en los libros de historia de Estados Unidos y también de la medicina en general, ya que provocaron el daño, de forma engañada, a miles de familias y también generó que gran parte de la población afroamericana desconfiara de los tratamientos médicos.

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