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Sánchez ningunea a Iglesias y elude convocarlo a reuniones de coordinación

El Presidente del Gobierno, Pedro Sánchez, ha priorizado una llamada a Casado

Sánchez llama a Casado para intentar desbloquear la renovación del CGPJ, pero el PP mantiene sus condiciones
Ricardo Rodríguez
@rrodriguezmaeso

Jefe de Política

Madrid

Tiempo de lectura: 3'Actualizado 23:51

La tensión en el Gobierno de coalición es ya tal y como se percibe desde fuera. Sin embargo, Pedro Sánchez enfrió las expectativas de un cara a cara con Pablo Iglesias. Y ello a pesar de numerosas expectativas creadas por el mismo entorno presidencial sobre gestos internos tras las elecciones en Cataluña. Sin embargo, Sánchez parece apuntar en otra dirección.

Atrincherados los socios, el Presidente descolgó el teléfono en un nuevo tanteo a un debilitado Pablo Casado por el descalabro en las urnas catalanas con su oferta de pacto para renovar órganos institucionales, empezando por el Consejo General del Poder Judicial. La llamada se produjo tras aplicar Sánchez durante la sesión de control al Gobierno de este miércoles en las Cortes a Casado la táctica de arrinconarlo con llamamientos a elegir “entre el camino de ser una oposición útil y con sentido de Estado o el de los complejos ante la ultraderecha de Vox”. Hasta en seis ocasiones se refirió el Presidente a los de Santiago Abascal como “ultraderecha”.

Intramuros de La Moncloa tenían asumido de antemano que la situación actual es cualquier cosa menos favorable para alzarse con el objetivo de una renovación del CGPJ de la mano del líder del PP. Con su gesto, Sánchez, además de ahondar en la polarización, ninguneaba a Iglesias en espera de una conversación. Se han visto en los Consejos de Ministros, descontado, pero los asuntos a tratar llegan cerrados previamente. El Presidente ha prescindido de convocar las citas de coordinación gubernamental entre socios. Los conocidos como maitines de los lunes, Sánchez e Iglesias junto a sus núcleos duros, han decaído estas últimas semanas, pero tampoco ha tenido lugar la interlocución cara a cara entre ambos líderes.

La dilación de Sánchez en convocar a Iglesias desprende ese aroma a castigo y únicamente está sirviendo a multiplicar los frentes abiertos e incluso para adentrarse en territorios hasta el momento desconocidos en sus tiras y aflojas. La ruptura de la unidad de voto en la toma en consideración en las Cortes de una ley incluida en el acuerdo programático, la de Igualdad de Trato, supuso todo un salto cualitativo. La bancada socialista fue incapaz de disimular su irritación y se negó a arropar con aplausos a Pablo Iglesias durante la sesión de control. La misma Carmen Calvo, sentada en el escaño azul a su lado, se cruzó de brazos.

El trato otorgado al líder de Podemos en ningún caso pasó desapercibido a sus filas que amenazaban en pasillos con actuar por “la vía de los hechos” de seguir el puenteo a Irene Montero con otros proyectos de su departamento. De hecho, descuentan ganar batallas como la de la Ley Trans y LGTBI a Calvo. Como un desahogo. Así se lo vino a tomar la facción del PSOE que tilda de Pepito de Grillo a Iglesias. El olor a correctivo impregnó igualmente la puesta de largo en La Moncloa de un plan de viviendas sociales para familias vulnerables presidido por Pedro Sánchez, con ministros socialistas, pero sin presencia de Pablo Iglesias.

Sea como fuere, la vicepresidenta primera se antoja ahora mismo en el punto de mira de los morados, acusándola de abusar de sus funciones o de tratar con “desidia” a Irene Montero. De hecho, Unidas Podemos tuvo en ascuas al núcleo duro de La Moncloa durante el martes hasta que quisieron comunicar su abstención al proyecto que precisamente Calvo impuso a Montero. “Lo visto es lo que hay”, dejaban caer cercanos a Sánchez mordiéndose la lengua. La órbita socialista trató de reconducir a los morados. Esfuerzos incluidos de Calvo y María Jesús Montero en la comparecencia posterior al Consejo de Ministros por negar la realidad.

Hasta llegaron a vender que se enteraban de los pulsos internos por la prensa porque la nota dominante es la estabilidad del Gabinete. “Lo que se puede percibir desde fuera no tiene nada que ver con el trabajo cotidiano de este Gobierno. Muchas veces conocemos esas cuestiones por los medios de comunicación”, apuntó en un ejercicio de voluntarismo la ministra portavoz. Sin éxito. “El hermano mayor siempre hará el gamberro con el pequeño”, aventuraba uno de los próximos al líder de Podemos en un clima cada vez más irrespirable en la coalición.

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