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La Moncloa baja los humos a Iglesias: "Regatea en corto"

Cercanos a Sánchez desdeñan los sabotajes del socio, pero les achica su capacidad de acción

La Moncloa baja los humos a Iglesias: Regatea en corto

Emilio Naranjo / EFE

Ricardo Rodríguez
@rrodriguezmaeso

Jefe de Política

Tiempo de lectura: 3'Actualizado 22 nov 2020

“Ellos necesitan reivindicarse como la izquierda útil, pero la izquierda transformadora somos nosotros”, sentencia un estrecho colaborador de Pedro Sánchez conteniéndose para evitar mostrar su enfado. “Ellos” son Unidas Podemos. “Nosotros”, por descontado, el PSOE. Marcado el territorio, las costuras internas se deshilachan. Las diferencias entre los socios de coalición resultan ya recurrentes. Las disonancias proyectan la imagen de dos gobiernos en uno.

La tramitación de los Presupuestos Generales del Estado promete seguir tensando las relaciones en el seno del Gobierno hasta llegar a la foto finish de la aprobación definitiva a finales de año e incluso alcanzar las elecciones catalanas. “Es lo que hay y contra lo que trabajamos”, avisa el entorno presidencial tras jornadas cuajadas de batallas públicas. En la compleja convivencia que mantienen socialistas y podemitas, late la mala calidad de la edificación del Gobierno con sus choques de egos, discrepancias estratégicas, querellas ideológicas, etc., etc. Ese es el cuadro.

Las escaramuzas de Pablo Iglesias han ido cayendo como un misil entre ministros socialistas. Margarita Robles exhibe ya con crudeza su consideración hacia los morados de anomalía en el Gabinete. Otros optan por zafarse de micrófonos y cámaras, pero nadie en el lado socialista aprueba la táctica del socio. Responsables del área económica, Nadia Calviño, María Jesús Montero o José Luis Ábalos, aún andan digiriendo la enmienda cocinada entre UP, ERC y Bildu contra los desahucios hasta el 31 de diciembre de 2022 de la que fueron completamente ajenos. Con el consiguiente enfado. Pero ya dejó escrito en Twitter el vicepresidente segundo aquello de “no nos votaron para hacer amigos”.

Sánchez

Desde que Iglesias tirase de trompetería para destapar una alianza estable con los herederos de Batasuna, los reproches en la coalición se han multiplicado, el caos migratorio en Canarias encona las relaciones, la reforma laboral se vislumbra en el horizonte como otro incendio, así como el suplicatorio del secretario de Organización de Podemos, Alberto Rodríguez, que debe aprobar las Cortes, lo que implicaría el voto a favor del PSOE, las suspicacias han surgido ya entre diputados de a pie, un mar de fondo cuya trascendencia buscan rebajar en La Moncloa, llegando a recordar que “aquí manda el Presidente” o que “somos dos partidos, uno con 120 escaños y otro con 35, pero somos el grupo de 120 el que sostiene al Gobierno”.

Con frases como ésas definen miembros del núcleo duro del Presidente la situación. Ese grupo de leales, mimetizados con un “jefe” al que demuestran una fidelidad obsesiva nacida de las primarias del Partido Socialista de 2017, reniega que el Gobierno avance por postulados del vicepresidente y que éste se imponga en el seno de la coalición. La anulación de las tasas al Diésel, el control de la subida fiscal, la partida reservada a la Casa Real, así sucesivamente, son enarboladas como un certificado del triunfo del PSOE sobre UP en la disputa de unas cuentas públicas consideradas el “Rubicón” del Presidente. Las siglas que a él le importan “son P.G.E”. Lo dejó claro en su comparecencia de este domingo tras situar a Bildu en la “España democrática” de los 198 votos que dieron luz verde a la tramitación de las cuentas públicas.

Sánchez habría naturalizado como nimiedades las discrepancias con Iglesias, puro "regate en corto", a decir de los suyos. El jefe del Ejecutivo, de hecho, otorgó durante la rueda de prensa su “confianza” y “empatía” a todos sus ministros y defendió que “la unidad de izquierda esté liderando el país en este momento tan difícil”. No obstante, el socio minoritario aún puede envenenarle los sueños, tras consolidar un bloque de 53 diputados con ERC y Bildu como vía de presión al presidente del Gobierno desde las Cortes. De entrada, achica la pretendida capacidad de La Moncloa de jugar durante la legislatura a la “geometría variable” al poner en fuga a Cs, pero además anticipa su vocación, así lo dejan caer en privado los morados, de “dar una lección al PSOE de gobernanza en coalición”.

Iglesias
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