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Las encuestas despistan a los partidos a dos meses de las elecciones

El gran derrotado, a priori, es Podemos. La formación de Iglesias atraviesa una profunda crisis en muchos lugares, lo que que beneficiaría a Sánchez

Las encuestas despistan a los partidos a dos meses de las elecciones

 

María Dabán
@MarDab1

Jefa de Nacional de COPE

Tiempo de lectura: 3'Actualizado 01:36

Se dice que normalmente las encuestas crean tendencias, pero la volatilidad de la política española se ha trasladado a los sondeos que ya solo causan confusión en la sede de los principales partidos políticos, sobre todo por el alto porcentaje de indecisos que registran (entre un treinta y un cuarenta por ciento). Los distintos líderes políticos se esfuerzan, pues, por hacer de la necesidad virtud y por realizar una lectura adecuada de la demoscopia a sus posibilidades... El PSOE y Podemos agitan el miedo a la derecha; PP y Ciudadanos, el pánico a que repita Sánchez con los independentistas y Vox prefiere sacar pecho ante un horizonte más que halagüeño en el que solo pueden ganar. Algunas formaciones reprochan también el efecto arrastre que está realizando el CIS de Tezanos-Sánchez porque marca una impronta que luego siguen las empresas demoscópicas, aunque no se corresponda, dicen, con la realidad. Y es que, PP y Ciudadanos no se acaban de creer que, con la que está cayendo, el PSOE siga liderando las encuestas, un hecho que algunos atribuyen a que la fragmentación del voto en el bloque del centro-izquierda es menor que la del bloque de centro-derecha. Y aquí puede estar la clave de lo que puede suceder en las próximas citas electorales.

El partido Popular sigue convencido de que está en condiciones de sumar con Ciudadanos y Vox, de echar a Sánchez de la Moncloa. En la calle Génova admiten, eso sí, que será imposible llegar a los 137 escaños actuales, pero aseguran que superarán la barrera de los 100 y acabarán por encima del PSOE ya que Sánchez “no gusta a nadie”, apuntan. Al líder del PP no le disgusta tampoco que las encuestas no sitúen a su partido en una posición fuerte, porque así sus votantes no se relajan y van a las urnas. Los populares confían, además, en que, al final, muchos de esos españoles enfadados que aseguran que van a votar a Vox, reflexionen al final y opten por la opción constructiva. De ahí los llamamientos al voto útil, al “voto urgente” como suele decir el líder del PP, ya que la endiablada ley electoral les puede hacer perder muchos escaños sobre todo en provincias pequeñas y medianas, y no necesariamente a favor del partido de Abascal, sino de del PSOE. El partido de Vox aparece fuerte en todas las encuestas, pero, en el fondo se antoja muy complicado saber a ciencia cierta cuántos diputados obtendrá.

En Ciudadanos afrontan las elecciones con una apuesta arriesgada: su negativa a pactar con el PSOE (ojo, a nivel nacional, nadie descarta pactos después de las autonómicas y municipales con los socialistas). Albert Rivera lo justificaba en Herrera en COPE para ofrecer claridad a los españoles antes de que acudan a las urnas... Y es que no puede pactar, insiste, con un Sánchez que se pliega a los deseos de los independentistas y que permite que Torra humille a España y al Rey. Con esa jugada, el líder de Ciudadanos quiere presentarse, además, como la verdadera alternativa al PSOE, y pretende trasladar un mensaje: será él quien lidere el centro-derecha porque adelantarán al Partido Popular. Rivera se ha mostrado reacio a elaborar una lista conjunta para el Senado con el PP para garantizarse la mayoría absoluta que pueda aplicar el 155. Lo hacía recordando que, en política, uno más uno, no siempre son dos.

El gran derrotado, a priori, en todas las encuestas es Podemos. La coalición atraviesa una profunda crisis en muchos lugares de España, que fragmentará el voto de la izquierda, voto que iría a parar o a la abstención o al Partido Socialista. Habrá que ver además, si unos malos resultados harían peligrar el liderazgo de Pablo Iglesias al frente del partido. Toca pues, esperar y ver, esperar para ver si se cumple, o no, la máxima de Mark Twain, que decía que hay tres clases de mentiras: “la mentira, la maldita mentira, y las estadísticas”.

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