Sánchez juega al “win-win” con Casado

La cita en La Moncloa, vistos los antecedentes, se presiente fallida en cuestiones de Estado

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Ricardo Rodríguez
@rrodriguezmaeso

Jefe de Política

Tiempo de lectura: 2'Actualizado 12:12

Pedro Sánchez es dado a los giros. La exaltación del “diálogo” sobrevuela todos y cada uno de sus discursos. Y de ahí cuelgan los mensajes en clave de mano tendida a Pablo Casado. Sin embargo, cuando baja a la arena de la realidad, el presidente del Gobierno gusta excitar el celo de la Oposición, hasta el punto de imponer la desconfianza, remachar las diferencias, al precio de poner a prueba el compromiso de los otros con cuestiones de Estado y crear condiciones para que los demás paguen ante la opinión pública las consecuencias de negarle el pan y la sal.

El juego vuelve a empezar este lunes 17 de febrero a las 12h00. El interpelado por Sánchez es Casado. Fotografías en el Palacio de La Moncloa acompañadas de discrepancias evidentes. Y a la postre, un emplazamiento del jefe del Ejecutivo al líder del PP a elegir entre sus mantrasConfrontar o dialogar. Sobre la mesa de Sánchez, el imprescindible concurso de Casado para renovar el Consejo General del Poder Judicial, ahora mismo en manos conservadoras, además de otra decena de órganos institucionales. Entre otros, el Tribunal Constitucional, el Consejo de Administración de RTVE o el Defensor del Pueblo, etc., etc.

Los cambios requieren de una mayoría cualificada en las Cortes. Esto es, aglutinar 210 votos a favor. El objetivo de Pedro Sánchez pasa por sentar las bases de una negociación con Pablo Casado. Una entente permitiría al presidente del Gobierno “anular” la Oposición, ganar una imagen de centralidad, sacando adelante iniciativas mirando a un lado u otro del espectro ideológico, y hasta para blanquear sus tratos con el separatismo. El portazo, según los guionistas monclovitas, reforzaría endosar al líder del PP la condición de “bloqueador”. Así es la partida de Sánchez. Es la estrategia “win-win”. Ganar o ganar.

Lo cierto es que Sánchez dejó listo el barbecho de su encuentro con Casado poniéndolo a caldo ante el plenario del Comité Federal del PSOE. La espiral de diatribas – contra su “mal perder”, la “crispación”, a las “polémicas fugaces”, siempre adheridos a la “bronca” - estaban destinadas a mantener prietas las filas, alta la moral de la tropa, pero también dejó al descubierto su táctica. La posibilidad de acuerdos de calado parece brillar por su ausencia y se limita a reclamar la adhesión del PP. Es la fantasía de Pedro Sánchez, que Pablo Casado ni le ponga un “pero”.

“La actitud de Casado debe ser constructiva”, aseveran desde La Moncloa, “si quiere construirse un perfil de aspirante a la Presidencia del Gobierno”“Le conviene mostrarse flexible, dispuesto al consenso”, inciden. Del enemigo, el consejo. En el fondo, hasta la más pequeña aproximación entre los dos líderes, la mera instantánea de ambos, será considerada trascendente en medio del actual clima de confrontación.

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