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La historia de los dos judíos a los que España ha rendido hoy homenaje en Roma

Esta mañana se han colocado en Roma dos "Piedras del Recuerdo" en un edificio que pertenece al estado español para conmemorar a dos judíos que huyeron en la II Guerra Mundial

La historia de los dos judíos a los que España ha rendido hoy homenaje en Roma
@evaenlaradio

Corresponsal de COPE en El Vaticano

Tiempo de lectura: 6'Actualizado 16:10

La Obra Pia coloca dos nuevas “Piedras de la Memoria”, -Pietra d’inciampo en italiano-, en uno de los edificios propiedad de esta institución española. La casa se encuentra en el centro histórico de Roma, Via dei Giubbonari 30, a escasos metros de Campo dei Fiori.

Allí vivieron David y Settimio Limentari, padre e hijo, hasta que fueron detenidos en 1944. David fue asesinado en la terrible matanza de las fosas Ardeatinas. El 8 de mayo de 1944 su hijo Settimio fue deportado a Auschwitz junto a su hermano Angelo y otros miembros de la familia Tagliacozzo, con quienes compartían vivienda. Tan sólo Settimio consiguió sobrevivir y regresó a Via dei Giubbonari 30, con la esperanza de reencontrarse con su familia.

En el año 2019, cuando se cumplía el 75 aniversario de la fatídica fecha en la que fueron detenidos, la Embajadora de España ante la Santa Sede y Gobernadora de la Obra Pía, Dña. Carmen de la Peña Corcuera, se comprometió a que David y Settimio Limentani tuvieran su propia “Piedra de la Memoria”.

Junto a estos adoquines que recuerdan a David y a Settimio Limentari se encuentran las piedras de la memoria de Angelo Limentani y Angelo Tagliacozzo. En ellas está inscrito su nombre y la fecha en la que fueron deportados.

El horror del holocausto tras las paredes de un edificio de la Obra Pia

La familia Limentani vivía en Via dei Giubbonari nº 30, un edificio que pertenece desde hace siglos a la Obra Pia. Cuando los nazis estrecharon el cerco sobre los judíos en Roma, David Limentari y su mujer Virginia consiguieron escapar junto a sus hijos de la gran redada que se realizó en el gueto judío de Roma. En octubre de 1943 las tropas alemanas se habían adueñado de la ciudad eterna y el 16 de octubre de ese mismo año las SS detuvieron a 1024 judíos –familias enteras, ancianos, mujeres, niños- en el gueto de Roma. Se les metió a la fuerza en camiones y en trenes camino de los campos de exterminio. De todos ellos sólo consiguieron regresar a Roma 16.

En los días previos a esta redada, el jefe de la policía alemana responsable de Roma, Herbert Kappler, recibió un terrible telegrama del propio Heinrich Himmler, el todopoderoso jefe de las tropas SS: “Los judíos del país deben ser inmediatamente eliminados. Posponer la operación supondría permitir a los judíos, que están al corriente de nuestras operaciones, esconderse en la casa de los italianos”. Las órdenes de Berlín estipulaban que de los 14.000 judíos que vivían por entonces en la ciudad -no solo en el gueto-, unos 8.000 debían ser deportados a los campos de concentración, una cifra muy alejada de los 1024 que consiguieron apresar.

Tras salvarse de la redada en el gueto, los Limentari se trasladaron al edificio de Via dei Giubbonari nº 30, donde compartieron la vivienda con otra familia amiga, los Tagliacozzo. Pasaban las jornadas escondidos y se movían de forma clandestina. El 16 de marzo de 1944 David Limentari salió de la casa en busca de algún trabajo que le permitiera llevar comida a los suyos, pero alguien le reconoció y denunció que era judío. Fue inmediatamente arrestado y le trasladaron a la cárcel Regina Coeli de Roma.

La terrible matanza en las Fosas Ardeatinas de Roma

Tan sólo había pasado una semana desde su arresto cuando los partisanos colocaron una bomba en una calle de Roma al paso de un destacamento de soldados alemanes. En el atentado murieron 33 soldados y la reacción de Hitler fue brutal. Ordenó a sus mandos organizar una represalia que “hiciera temblar al mundo”. El teniente Herbert Kappler dispuso que por cada militar alemán muerto se ejecutara a diez italianos. Las víctimas fueron escogidas entre los detenidos en la cárcel Regina Coeli, partisanos, miembros de la Resistencia y cincuenta y siete judíos, entre ellos se encontraba David, el padre de familia de los Limentari, en cuyo recuerdo se ha colocado una de estas dos piedras de la memoria.

La historia de los dos judíos a los que España ha rendido hoy homenaje en Roma


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En la tarde del 24 de marzo de 1944 fueron ejecutados en las Fosas Ardeatinas. Este era el nombre con el que se denominaba a un conjunto de cuevas y galerías subterráneas a las afueras de la ciudad. Para ocultar el crimen minaron las cuevas para sellar su entrada. Hoy en día se ha construido un mausoleo en el que se honra la memoria de las víctimas. La más joven de ellas tenía quince años.

El destino de Settimio Limentari

El resto de la familia Limentari, junto a los que habían sobrevivido de los Tagliacozzo continuaron viviendo en la clandestinidad en Via dei Giubbonari 30 pero la tranquilidad no duraría mucho tiempo. El 8 de mayo de 1944, probablemente fruto de un chivatazo, tres soldados del ejército fascista italiano irrumpieron en la vivienda en busca de “comunistas”. Los tres jóvenes que se encontraban en la casa intentaron escapar por el tejado, pero les obligaron a entregarse amenazando con llevarse a las mujeres que estaban en casa. Tras ser detenidos, Angelo Tagliacozzo, Angelo Limentani y Settimio Limentani fueron deportados a Auschwitz. Tenían 23, 24 y 27 años. El único que sobrevivió fue Settimio Limentari. A duras penas consiguió permanecer junto a su hermano hasta que, en 1945, cuando el ejército ruso se iba acercando al campo, el ejército nazi comenzó las evacuaciones. Como Settimio se encontraba muy enfermo los alemanes lo dejaron en la barraca pensando que moriría rápidamente. Pero su hermano Angelo fue seleccionado para formar parte de una de las terribles “Marchas de la Muerte”. Settimio lo vio alejarse junto al resto de detenidos. Nunca más supo de él.

En aquella época los alemanes trasladaban a los prisioneros de los campos que estaban cerca del frente y los utilizaban para realizar trabajos forzados. Se los obligaba a marchar largas distancias con frío extremo y sin apenas comida. Quienes no podían continuar eran fusilados. Nueve días antes de que los soviéticos llegaran a Auschwitz, los alemanes forzaron a marchar a decenas de miles de prisioneros desde el campo hacia Wodzislaw, un pueblo a 56 kilómetros de distancia. Aproximadamente una persona de cada cuatro murió en el camino.

Al finalizar la guerra Settimio Limentani regresó a Roma y pudo volver a pisar la casa de Via dei Giubbonari 30 con la esperanza de reencontrarse con su familia. Desde Polonia viajó a pie a Roma, acompañado de Sami Modiano, otro judío que sobrevivió a Auschwitz, a quien acogieron durante un tiempo en este edificio. Settimio formó una familia y tuvo hijos. Falleció a los 65 años y su entorno cercano asegura que nunca se olvidó de lo que ocurrió en Auswitz. Falleció llamando a su hermano pequeño Angello, aquel al que nunca más volvió a ver.

¿Qué es la Obra Pía?

Es una institución de origen medieval que nació para auxiliar a los peregrinos españoles sin recursos que llegaban a Roma a partir de la unión de los legados de la Obra Pía de Aragón y Cataluña, creada en el siglo XIV, y de la Obra Pía de Castilla y León, establecida en el siglo XV. El nombre oficial de la entidad es “Establecimientos Españoles en Italia” y con el paso del tiempo y gracias a las herencias de muchos particulares dispone de un importante patrimonio inmobiliario cuyos beneficios, según los estatutos fundacionales, están destinados a fines religiosos y caritativos.

Este organismo sin ánimo de lucro que depende de la embajada de España ante la Santa Sede financia iniciativas religiosas, sociales, culturales, artísticas y de conservación del patrimonio. Gran parte de estos recursos se destinan al mantenimiento de la Iglesia Nacional de Santiago y Montserrat, la iglesia de los españoles en la capital italiana, sucesora de las iglesias nacionales de Aragón y de Castilla y al Centro de Estudios Eclesiásticos adscrito a esta parroquia. Apoyan también a varias congregaciones religiosas, entre ellas a las Hermanas de la Cruz.

Y aunque hoy en día ya no hay peregrinos que fallezcan en Roma sin nadie que se ocupe de su entierro, otra parte de los beneficios se destina al Cementerio de Españoles en la necrópolis de San Lorenzo al Verano, donde tradicionalmente se daba sepultura a los españoles que carecían de medios o de familia en Roma.

La historia de los dos judíos a los que España ha rendido hoy homenaje en Roma


Una ceremonia emocionante bajo la lluvia de Roma

Durante una breve, pero muy emocionante ceremonia, la embajadora de España ante la Santa Sede, Carmen de la Peña Corcuera junto al Director de la Obra Pia, Raul Sandoval han agradecido a la comunidad judía de roma, representada por el Gran Rabino de la ciudad su apoyo a esta iniciativa con la que el estado español quiere colaborar para que se mantenga viva la memoria del holocausto para las próximas generaciones.

Durante el transcurso de la ceremonia se ha recitado una oración en español y en hebreo en recuerdo de David y Settimio Limentari. La empresa “Arte y Memoria” es la responsable de la instalación de estas “Piedras de la memoria” que quedarán para siempre ante la puerta de entrada de Via dei Giubbonari 30. En Italia reciben el nombre de “Pietre d’inciampo” y en alemán se conocen como las Stolpersteine, literalmente “piedras que hacen tropezar”. Su autor es el artista Gunter Demnig, cuyo objetivo es rendir homenaje a las víctimas del nazismo para impedir que se las olvide.

Estos adoquines suelen colocarse junto al portal de la última residencia de un deportado para recordar a los que alguna vez vivieron allí y sufrieron el holocausto. La cara exterior es de bronce dorado y lleva grabado el nombre, el apellido, la fecha de nacimiento, la fecha y lugar de deportación y la fecha y lugar de muerte de las víctimas.

El artista asegura que cada vez que se coloca una de estas piedras, convendría recordar una frase del talmud: Sólo se olvida a una persona cuando no se recuerda su nombre. A lo largo de 30 años el mismo Gunter Demnig ha colocado casi la totalidad de las 70.000 piedras de la memoria en más de 2.000 ciudades europeas.


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