La crisis catalana dispara la presión sobre Sánchez

Desde el Partido Socialista rememoran asustados que “Cataluña fue la tumba de Mariano Rajoy”

La crisis catalana dispara la presión sobre Sánchez

 

Ricardo Rodríguez
@rrodriguezmaeso

Jefe de Política

COPE.es

Tiempo de lectura: 3'Actualizado 01:09

A tres semanas de las elecciones generales, a sólo tres, Pedro Sánchez sigue fiando la victoria a que la opinión pública acabará comprendiendo su gestión de la crisis abierta en Cataluña. Huir de decisiones en caliente, eludir dar por descartada ninguna actuación y confiar en que los instigadores del fuego “pagarán más pronto que tarde”. Pero el presidente del Gobierno se ha topado con un panorama mucho más delicado de lo inicialmente previsto en La Moncloa.

El caos en las calles ofrecido por una minoría violenta al mundo ha tensionado al PSOE. El clima anímico en la organización viene siendo perfectamente descriptible. Desanimados, asustados, sobrecogidos. “Cataluña fue la tumba de Mariano Rajoy. En ningún caso puede pasarnos lo mismo”, ha llegado a rememorarse estos días entre altos cargos socialistas sin por ello dejar de aprobar la actuación de su jefe de filas. Y con la sensación entre muchos de que la sentencia del Supremo del “procés” les ha reventado toda la precampaña del 10-N. La propia agenda de partido de Sánchez voló por los aires con la cancelación de mitines en prevención de los acontecimientos. 

Hasta este lunes, día 21, a las 19:00 horas. Pedro Sánchez baja de nuevo a la arena en el Teatro Auditorio de Alcázar de San Juan (Ciudad Real) en un acto del PSOE. La decisión es más que elocuente. Las siglas están necesitadas de su líder, para movilizar al electorado a su favor. Antes de verse obligado a romper el ritmo por el fallo del Alto Tribunal y su consiguiente espiral de tensión en Cataluña, Sánchez, a pesar del cansancio acumulado en las federaciones, fue capaz de desbordar los aforos todos los días. Toca de nuevo rentabilizar la condición de presidente del Gobierno, el activo elemental de cara al 10-N.

En paralelo, el Gobierno insiste en trasladar firmeza, constancia y prudencia. Intenta apuntalar la idea de tener la situación bajo control sin necesidad de abandonar su pretendida moderación. El objetivo último, según describen en La Moncloa, es evitar disparar el botín sentimental separatista. Sánchez encabeza una estrategia marcada en el calendario por el 10-N. El entorno del Presidente consultado por la Cadena COPE está firmemente convencido del rédito de tal actitud, aun cuando PP y CS muestran un estado de ánimo muy diferente.

Más allá de decisiones operativas, el jefe del Ejecutivo parece fiar la salida a la grave crisis en Cataluña a una ruptura del bloque independentista. O, al menos, a las grietas del mismo. Y es que, sin dejar de blandir todos los resortes legales para restituir el orden en la comunidad autónoma, colaboradores de Sánchez apuntan al aislamiento de Quim Torra como una clave de su acción ante la revuelta secesionista. Al presidente de la Generalidad de Cataluña lo contemplan, según ha sabido la Cadena COPE, “debilitado” y “falto de apoyos”.

La prueba más evidente, apuntan en el Gobierno, fue el desmarque secesionista al anuncio de Torra de otro referéndum de autodeterminación. La huida hacia adelante se dio de bruces con la cruda realidad ante el espanto de ERC que, según desliza La Moncloa, ya lo veía “habiendo quemado sus naves” al participar en el corte de una autovía. A estas alturas, sostienen cercanos a Sánchez, “Torra y su mundo virtual desconciertan a propios y extraños”. El vértigo del separatismo crecería al mismo ritmo que las divergencias entre sus componentes, pese a la contradictoria escenificación del vicepresidente Pere Aragonés junto al presidente de la Generalidad del fin de semana en su exigencia de abrir “una mesa de diálogo” con el Estado.

Colaboradores de Pedro Sánchez siguen con interés el despliegue de voces independentistas que empiezan a exigir de Quim Torra su claudicación y la convocatoria de elecciones autonómicas, aunque sea vendida en su encrucijada como la oportunidad para conseguir una mayoría más amplía, comprometida con la amnistía de los condenados del procés, que construya el escenario de una negociación. A esa baza de las urnas va a resistirse Torra por todos los medios como un Jabato, pero, de ceder, según muchos, habilitaría una esperanza del regreso de Cataluña a una normalidad democrática. 

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