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GUERRA CIVIL

La sombra alargada de la Quinta Columna

Alfredo Valenzuela

Agencia EFE

Tiempo de lectura: 3'Actualizado 10:31

Alfredo Valenzuela

La explosión en la calle Torrijos de Madrid en enero de 1938 que dejó cien muertos, la precisión de los bombardeos de Barcelona dos meses después y la lucha entre anarquistas y comunistas en mayo de 1937 tuvieron una relación directa con la Quinta Columna, cuya actividad fue decisiva para el desenlace de la Guerra Civil según un nuevo estudio.

Aunque tradicionalmente se ha asociado a Madrid, por las palabras del general Mola que sumaron una quinta columna a las cuatro que avanzaban sobre la capital en las primeras semanas de la guerra, la Quinta Columna u organización clandestina franquista en la retaguardia republicana también intervino en Barcelona, Valencia, Cartagena, Almería y Jaén.

"La quinta columna actuó en todas las capitales de la zona republicana con alguna relevancia administrativa o militar", ha dicho a Efe el historiador Carlos Piriz, especializado en servicios de inteligencia y policías políticas de las dictaduras ibéricas del siglo XX y profesor de la Universidad de Compostela, que acaba de publicar "En zona roja. La Quinta Columna en la Guerra Civil Española".

Publicada en la colección de historia contemporánea de la granadina editorial Comares, esta investigación relaciona el origen de la Quinta Columna con las conspiraciones previas al levantamiento militar de 1936 y "con las redes que fabricaron el golpe", según ha dicho a Efe Carlos Piriz, quien ha asegurado que en las ciudades en las que el golpe fracasó "se adaptaron a otro escenario, a una guerra que no tenían pensado hacer", basada en la clandestinidad.

La investigación efectuada por Piriz en 25 archivos y fondos documentales no ha podido cuantificar los efectivos de la Quinta Columna entre informadores, agentes y activistas más allá de establecer que eran "unos miles", pero ha asegurado que en su actuación no fue tan importante el número como su cualificación.

INFILTRADOS EN EL ESTADO MAYOR

Nutrida por militares, militantes falangistas y tradicionalistas y, a medida que avanzó la guerra, familiares de represaliados por el bando republicano, la Quinta Columna estuvo infiltrada en el Estado Mayor del republicano Ejercito del Centro y efectuó ofertas -como salvar la vida- a dirigentes republicanos con altas responsabilidades, generalmente contactando con sus familiares o allegados.

Como ejemplo, Piriz ha puesto que el coronel Segismundo Casado -decisivo a la hora de rendir Madrid junto al dirigente socialista Julián Besteiro- salvara la vida, al igual que otros responsables políticos mientras que la militancia republicana de base fue diezmada.

La investigación de Piriz pone de relieve "la potencialidad" de la Quinta Columna, su "volumen e importancia en aquel contexto bélico" y demuestra que en una guerra como la española "lo que sucedía en la retaguardia era tan importante como lo que sucedía en los frentes; es más dónde supuestamente no había guerra era donde la guerra se perdía o se ganaba".

Como muestra de ese potencial y de la coordinación con la dirección del ejército franquista ha puesto Piriz el denominado "Asunto Viernes", una operación a gran escala que debió desarrollarse en el verano de 1938 -y que pudo suponer el final de la contienda, ha apuntado el historiador-, consistente en una acción generalizada de desestabilización de la retaguardia por parte de los quintacolumnistas, a la vez que se producía una ofensiva militar, planes que fueron abortados por el contraespionaje republicano.

MUJERES ESPÍAS

El general Manuel Gutiérrez Mellado, cuando era un joven teniente fue uno de los tres jefes de la Quinta Columna madrileña en una de sus últimas reorganizaciones junto a Antonio Ortega Lopo y Antonio Bouthelier Espasa, después de haber sufrido prisión y haber sido asilado en una embajada.

Precisamente, ha señalado Piriz, la labor de algunos diplomáticos extranjeros trascendió la meramente humanitaria dando asilo en sus legaciones a potenciales víctimas de los republicanos para convertirse en informadores de la autoridades franquistas, como demuestra que el avión derribado a finales de 1936 llevaba al delegado del Comité Internacional de la Cruz Roja de Madrid para denunciar en Ginebra las matanzas de Paracuellos llevaba también informes de situación para el estado mayor franquista.

Piriz ha asegurado que las mujeres no sólo desempeñaron tareas secundarias o misiones de enlace como se ha creído hasta ahora, sino que las hubo en la primera línea, como fue el caso de Carina Martínez-Unciti, que se integró en labores de inteligencia e información en el denominado "Grupo Galicia", después de que su hermana María Paz fuera asesinada en los inicios de la guerra.

La eficacia de la Quinta Columna se debió a su triple acción de espionaje, "infiltrándose en todas las instituciones de la república", de sabotaje, como fue el caso de la explosión del arsenal de la madrileña calle Torrijos que provocó cien muertos y un gran socavón, y de guerra psicológica, como demuestra la propia propaganda y cartelería republicana con llamadas constantes a la discreción y a que el enemigo podía escucharlo todo desde la sombra.

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