CINE CORTOMETRAJISTAS (Crónica)
La industria del corto en España, una mezcla de talento y precariedad
Una mezcla de talento y precariedad. Así se puede resumir una industria del corto en España que desde el año 2015 ha visto triplicado su número de rodajes, según datos de Statista, con una amplia presencia en festivales y certámenes de todo el mundo, pero con unas condiciones de trabajo muy inestables.,Y es que desde que Juan Carlos Fresnadillo obtuviera, en 1996, una nominación al Óscar por su cortometraje "Esposados", el cortometraje español se ha hecho habi
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Laura Tabuyo
Una mezcla de talento y precariedad. Así se puede resumir una industria del corto en España que desde el año 2015 ha visto triplicado su número de rodajes, según datos de Statista, con una amplia presencia en festivales y certámenes de todo el mundo, pero con unas condiciones de trabajo muy inestables.
Y es que desde que Juan Carlos Fresnadillo obtuviera, en 1996, una nominación al Óscar por su cortometraje "Esposados", el cortometraje español se ha hecho habitual en las entregas de premios, sirviendo de trampolín a los nuevos cineastas.
Ahí están los casos de Daniel Sánchez Arévalo, que en 2004 compitió en la Sección Oficial de Venecia con "La culpa del alpinista", o Nacho Vigalondo y Esteban Crespo que, con "7:35 de la mañana" y "Aquel no era yo", respectivamente, recibieron sendas nominaciones a los Oscar.
Solo tres ejemplos de un sector del cine en el que el talento y precariedad van de la mano.
"En España hay gente con 40-50 años haciendo cortos y eso para mí refleja la precariedad del audiovisual en España. Gente que ya tendría que estar consagrada, tiene que seguir haciendo cortos ante la falta de oportunidades", explica a EFE el cortometrajista Álvaro Martín (Valladolid, 1991).
Porque la proliferación de cortometrajes no lleva consigo una mejora en las condiciones de trabajo. De hecho en 2018 de los 359 cortos inscritos, el 82% fueron producidos por una empresa con solo un título inscrito en el registro, según datos proporcionados por el ICAA.
Una fragilidad que conduce a los cortometrajistas a "abarcarlo casi todo". "Lo normal es el pluriempleo porque puedes pagar a muy pocas personas", confiesa el cortometrajista Antonio Ledesma (Valencia, 1992)
A pesar de ello, los cineastas siguen confiando en el corto para plasmar "la necesidad de explicar algo, de contar historias", cuenta a Efe la realizadora Sara Fantova (Bilbao, 1993).
Algunos de ellos tienen la posibilidad de "practicar" en escuelas de cine, como la ESCAC (Escuela Superior de Cine y Audiovisuales de Cataluña, de la que han salido nombres como J.A. Bayona o Mar Coll), donde "al estar rodeados de gente que trabaja en el sector se crean vínculos que hacen que alguien pueda contar contigo o viceversa", señala Fantova.
"Por ejemplo si yo hago un proyecto, en los primeros que voy a pensar es en la gente con la que he compartido cuatro años de carrera", agrega.
Aunque estudios reglados aparte, al corto se le sigue definiendo como "la mejor escuela". "Más allá del valor en sí que tiene hacer un cortometraje, estás haciendo currículum y en ese sentido yo creo que hacemos cortometrajes para, de cara al día de mañana, poder dirigir una película", dice Martín.
Una tarea, la de preparar su primera película, en la que está inmersa la realizadora Claudia Costafreda (Madrid, 1992), tras "posicionarse bien profesionalmente" con sus dos cortos realizados al amparo de la ESCAC, donde estudió dirección.
"El paso (del corto al largometraje) ha sido natural. Con mis dos primeros cortos empecé a tener más trabajo y entonces ya sí te ves con confianza", afirma Costafreda y añade: "Si no tienes cierto recorrido no puedes levantar una película".
Problemas para producir una primera película que según las estadísticas se acentúan cuando hablamos de directoras, ya que solo el 15% de ellas llegan a dirigir.
"El cambio tiene que darse dentro de la industria y las Escuelas de Cine tienen que potenciarlo, poniendo a profesoras que sean directoras para que las alumnas entiendan que ellas también pueden dirigir y coger roles de poder", opina Costafreda.
Ahora con la crisis de la covid, la frágil industria del corto ve ante sí un nuevo reto al que hacer frente con sus tradicionales problemas de presupuesto.
"Yo ahora estoy trabajando en 'Élite' y estamos preparados para cambiar el plan de rodaje por si hay un caso de covid, pero eso en un corto sería un problema porque casi nunca hay presupuesto", manifiesta Ledesma.
Problemas de presupuesto que, sumados a las restricciones y medidas de prevención sanitarias, hacen que todo deba repensarse.
"Todo se va a complicar mucho y la gente va a hacer cortos en sitios muy controlados, sitios cerrados, grabar en casas y lugares que tengas control", sostiene Martín.
Eso sí, la industria del corto lleva tantos años "de pelea" que sus protagonistas vaticinan que seguirán "buscándose la vida como puedan".
"La gente que hace cortos no lo hace para hacerse rico, sino porque le apetece mucho explicar algo, así que si alguien quiere hacer un corto quizá lo hará de otra manera, pero lo seguirá haciendo", concluye Fantova.



