ANTROPOLOGÍA AGRICULTURA

Grandes rutas migratorias mediterráneas expandieron la tecnología agrícola

Hace unos 9000 años hubo dos grandes rutas migratorias en el sur de Europa a través de las cuales se expandieron las nuevas tecnologías vinculadas a la agricultura, según un estudio liderado por investigadores españoles que publica hoy Plos One.,El equipo ha reconstruido, estudiando las primeras hoces de siega neolíticas, las rutas de migración a través del Mediterráneo, indica un comunicado del Consejo Superior de Investigaciones Científicas (CSIC).,Los resultados aporta

Agencia EFE

Tiempo de lectura: 2'Actualizado 20:42

Hace unos 9000 años hubo dos grandes rutas migratorias en el sur de Europa a través de las cuales se expandieron las nuevas tecnologías vinculadas a la agricultura, según un estudio liderado por investigadores españoles que publica hoy Plos One.

El equipo ha reconstruido, estudiando las primeras hoces de siega neolíticas, las rutas de migración a través del Mediterráneo, indica un comunicado del Consejo Superior de Investigaciones Científicas (CSIC).

Los resultados aportan nueva luz sobre la difusión del Neolítico y de las primeras técnicas agrícolas a lo largo del Mediterráneo, desde el Mar Egeo hasta las costas atlánticas portuguesas.

Este período, en el que tuvo lugar la aparición de la agricultura y la ganadería, está considerado como el más revolucionario de la historia de la humanidad.

El estudio liderado por los arqueólogos Niccolò Mazzucco y Juan F. Gibaja, de la Institución Milá i Fontanals, identifica una primera ruta marítima por el Mediterráneo que va desde los Balcanes hasta la península Ibérica, por la que se movían grupos de población desde el 6700 a.C

En esta, los grupos de agricultores tenían hoces curvas, con pequeños dientes de silex insertados en un mango de madera, que se iban sustituyendo con el uso y formaban un filo dentado, explica Mazzucco en la nota.

La segunda ruta, menos conocida y más septentrional transcurre por el Adriático, por la que empezaron las migraciones en el 5500 a.C.

En esta, añade Mazzucco, los útiles de siega se caracterizaban por tener láminas de sílex más anchas y largas que las de las primeras hoces. Unas láminas que se producían a través de procesos de manufactura más complejos y, a medida que se desgastaban, se afilaban con pequeños golpes.

En estas migraciones esos pobladores llevaban consigo nuevas tecnologías y nuevas ideas, indican el equipo, que incluye científicos del francés Centro Nacional de Investigación Científica (CNRS), la Universidad Libre de Bruselas y del Museo della Civiltà de Roma.

El trabajo es el resultado de más de diez años de investigación y del estudio de unas 50 000 piezas líticas de 80 yacimientos de países europeos como Grecia, Italia, Francia, España y Portugal, datados entre los años 7000 y 5000 a.C.

Entre ellos hay yacimientos emblemáticos como el de Knosos, en Creta, el asentamiento lacustre de La Draga, en Banyoles (Girona), y el subacuático de la Marmotta (Roma).

En el resto de yacimientos, el estudio se centró en piezas de piedra de más de 1500 años, que formaron parte de hoces neolíticas.

El análisis de las huellas microscópicas documentadas en estas hoces ha permitido descubrir cómo fueron elaboradas y utilizadas, así como la gestión de la siega en relación a la madurez de los cereales o el uso que iba a hacerse de las semillas y los tallos.

A partir de una pieza lítica, podemos reconstruir cómo eran, qué forma tenían, cómo habían sido usadas y para qué tipo de cultivo, normalmente trigo o cebada, detalla Gibaja.

Generalmente el estudio de la difusión de la agricultura se ha abordado a través del análisis de las semillas de los cereales cultivados, puesto que en los yacimientos arqueológicos se recupera una amplia variedad.

Pero esta gran variabilidad es producto de factores muy diversos, como las condiciones ambientales y la adaptación del cereal cultivado a una zona climática, por lo que resulta más difícil identificar rutas de dispersión a partir de su estudio.

En cambio, el análisis de las piezas líticas permite aportar nueva información, dado que, por su naturaleza mineral, estas piezas suelen conservarse mejor y habitualmente son fáciles de encontrar y detectar en una excavación arqueológica.

El estudio de estas piezas nos ha permitido -dice Gibaja- seguir el camino de las comunidades neolíticas desde una perspectiva diferente.

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