LITERATURA JUVENIL

Escritor Pedro Ramos ve los videojuegos como "otra forma de contar historias"

Virginia Vadillo

Agencia EFE

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Virginia Vadillo

El escritor madrileño Pedro Ramos defiende los videojuegos como otra forma de contar historias, tan válida como la literatura, y rompe una lanza por los adolescentes que, en su opinión, "leen igual o más que los adultos y desarrollan un gran interés por libros sobre temas de los que se sienten cercanos.

No es que no les guste leer, lo que no les gusta es que les digan todo el tiempo lo que tienen que hacer. ¿A ti te gusta que te obliguen a leer un libro? Pues a ellos, tampoco. Si les obligáramos a jugar a videojuegos, también les cogerían manía, señala en una entrevista con EFE.

Con su novela Héroes, que gira en torno a un videojuego online que hace que se crucen las vidas de tres jóvenes muy diferentes, Ramos es uno de los tres finalistas del Premio Hache, la sección para adolescentes de entre 12 y 14 años del Proyecto Mandarache de fomento de la lectura que organiza el Ayuntamiento de Cartagena.

Esta novela es la peor campaña de mercadotecnia que he podido hacer: a los chavales no les gustan los libros y a los profesores, que son los que suelen seleccionar las lecturas de los adolescentes, no les gustan los videojuegos, ha bromeado.

Sin embargo, en su opinión, los juegos online, al igual que las redes sociales y otras formas de ocio relacionadas con las nuevas tecnologías son también otras formas de contar historias que no son malas por sí mismas y pueden abrir la puerta a nuevas relaciones, amistades y aficiones.

Lo malo es que es muy fácil caer en el abuso, pero ocurre en todos los campos. Igual que un señor se volvió loco leyendo novelas de caballería (en referencia a Don Quijote), se puede volver loco si no hace otra cosa que jugar, ha apuntado.

Autor de ocho novelas y un poemario, además de guiones de televisión, obras de teatro y cuentos, Ramos huye de la etiqueta de literatura juvenil porque, asegura, no escribe pensando en la edad de sus lectores, y critica a los escritores que hablan a los adolescentes con superioridad, mirando de arriba hacia abajo.

Toda mi obra es 'crossover', la puede leer cualquiera con curiosidad, pero si el protagonista es alguien joven, las editoriales automáticamente lo etiquetan como literatura para jóvenes, señala.

No obstante, asegura sentirse muy cómodo con ese tipo de protagonistas porque le permiten abordar asuntos que rara vez se llegan a publicar en novelas consideradas para adultos.

Así ocurrió con su última obra publicada, Un ewok en el jardín, que trata sobre el autismo, y con la que ganó el Premio Edebé, uno de los más reputados en literatura para adolescentes.

Sin embargo, asegura que ser finalista del Premio Hache le parece mucho más importante que cualquier otro galardón literario, ya que en este concurso no hay un jurado profesional, sino que son los adolescentes que han leído el libro, más de 2.200 en esta edición, los que votan por su obra favorita de entre las finalistas, algo que harán a lo largo del mes de abril.

En esta edición compiten con Ramos en el Premio Hache los escritores Chiki Fabregat, con El cofre de nadie, y Daniel Hernández Chambers, con Departamento de asuntos mágicos.

La sección para jóvenes de 15 a 30 años, el Premio Mandarache, tiene en esta edición como finalistas a Yeison García con Derecho de admisión, Margaryta Yakovenko con Desencajada y Pablo Remón con Doña Rosita, anotada.

Los días 28 y 29 de marzo respectivamente, celebrarán sendos encuentros con los lectores, pero desde hace semanas están también llevando a cabo encuentros virtuales, de los que Ramos asegura que lo mejor de todo es que son sinceros y no dudan en decir a la cara lo que no les ha gustado de la novela, argumentando y razonando.

Se aprende mucho de este tipo de encuentros y yo me llevo muchas cosas para casa, porque es el mejor caldo para tomar el pulso a los lectores de una futura obra, señala, y asegura que para saber lo que les interesa leer, hay que escucharlos.

No escribo pensando en el adolescentes que yo fui, todas mis obras están ambientadas en el presente, no me pongo nostálgico, hablo del aquí y el ahora, y de los problemas e inquietudes que tienen los adolescentes me entero escuchándoles. Se habla mucho de la mirada del escritor, pero es mucho más importe el oído del escritor, resume.

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