ANTHONY PASSERON

Anthony Passeron: "He querido romper la soledad que mi familia vivió durante la tragedia"

Profesor de Literatura, Historia y Geografía en un instituto de Formación Profesional, el francés Anthony Passeron ha debutado con éxito en la narrativa gracias a "Los hijos dormidos", una historia con tintes autobiográficos sobre lo que supuso para su familia la muerte de sida de su tío Désiré en los años ochenta.

Agencia EFE

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Profesor de Literatura, Historia y Geografía en un instituto de Formación Profesional, el francés Anthony Passeron ha debutado con éxito en la narrativa gracias a "Los hijos dormidos", una historia con tintes autobiográficos sobre lo que supuso para su familia la muerte de sida de su tío Désiré en los años ochenta.

Passeron, que en su país ha recibido varios premios como el Wepler, el Première Plume y el de los Lectores de Bibliotecas de París, ha explicado este jueves en rueda de prensa que con la obra ha querido "romper la soledad" de su familia porque "en el transcurso de su tragedia se sintieron profundamente solos".

A la vez, había otra motivación para sentarse ante el ordenador y era que quería mostrarles a todos ellos que su relato "formaba parte de la historia colectiva", aunque procedieran de un pequeño pueblo perdido del Mediodía galo y hubieran vivido de forma muy íntima la muerte del hijo mayor de una estirpe de carniceros.

Mezcla de crónica, memorias y novela, "Los hijos dormidos", publicada por Libros del Asteroide en castellano y por L'Altra Editorial en catalán, entremezcla todo lo que ha podido recopilar el escritor de lo acontecido hace 40 años con las primeras investigaciones científicas llevadas a cabo en Estados Unidos y Francia en torno a un virus desconocido y letal.

Más de cinco años pasó documentándose en torno a las indagaciones del norteamericano Robert Gallo y de los franceses Luc Montagnier, Françoise Barré-Sinoussi, Jean-Claude Chermann y Françoise Brun-Vézinet, entre otros, y buscando testimonios que hubieran conocido a su tío heroinómano.

Incluso, ha precisado, habló con una mujer que todavía hoy, más de cuarenta años después, sigue "profundamente enamorada de él y cree que mi tío cayó en la droga porque no pudieron vivir su amor libremente".

Experiencia catártica para Anthony Passeron, el libro ha sido, asimismo, "una manera de reemprender el contacto con mi pueblo, que yo como tanta gente de mi generación -es nacido en 1983- abandoné porque allí no había trabajo, sintiéndome hoy como un tránsfuga geográfico".

"Entre los fantasmas que habitan el libro -ha proseguido- está el pueblo mismo, que está muriendo poco a poco, igual que va desapareciendo su sociabilidad. Es también un homenaje a mi familia, a mi tío, a mi prima, a mi abuela, personas que ya no están. Llevaba años pensando que si no escribía sobre todo ello, pronto no quedará nada de esta historia".

Justamente, a la hora de empezar a coser su primer título pensó que debía ir obteniendo información de un hecho del que apenas se hablaba de puertas adentro, porque para las generaciones anteriores la palabra "no era liberadora" como para la suya. La contaminación de una vergüenza

Con ganas de mantener, por tanto, esa memoria olvidada, Anthony Passeron hoy tampoco ha dejado pasar que ha querido dejar constatado, más allá de contar la muerte de sida de su tío, enganchado a la heroína desde muy joven, que sus antecesores experimentaron "la contaminación de una vergüenza, una tristeza muy profunda".

A la vez, ha tenido ganas de homenajear a los médicos que empezaron a trabajar en este ámbito, "prácticamente sin herramientas, viendo cómo la enfermedad se iba extendiendo, afectando a jóvenes que estaban en plena forma".

En los capítulos más científicos, que intercala con los más íntimos, ofrece "muchos detalles sobre cómo se identificó el virus y cómo a partir de 1996 las cosas cambiaron por encontrarse nuevos tratamientos que permiten una mejora de vida en los enfermos. Todo ello fue gracias a unas personas valientes, unos médicos que trabajaron en un contexto muy difícil".

En cuanto a si el sida sigue siendo hoy un estigma, Passeron no ha dudado en afirmar que sí y que "después de la peste, prácticamente, ninguna otra enfermedad ha estado tan relacionada con temas morales".

A su juicio, ha aseverado, "todavía hoy no se ha encontrado ninguna molécula que pueda proteger al sida de la vergüenza y el silencio. Es como un veneno para el que aún no se ha encontrado antídoto. He hablado con afectados y dicen que es muy difícil el encaje social".

"Los hijos dormidos" se ha traducido hasta el momento a cinco idiomas diferentes, pero está previsto que en los próximos meses llegue a dieciséis. EFE

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