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Domingo 31-3-2013

Estamos alegres, y el mundo debe saberlo

«Salir de nosotros mismos para ir al encuentro de los demás, a la periferia de la existencia, a los más alejados, a los olvidados, a los que necesitan comprensión…» Con este espíritu invitó el Papa a vivir la Semana Santa y también con este espíritu comienza hoy la Pascua. Francisco quiere una Iglesia misionera. Pide a los cristianos que salgan a la calle para anunciar con alegría que «Jesús vive». Poco antes de viajar a Roma, al Cónclave en el que fue elegido Papa, el arzobispo Bergoglio advertía de que no están los tiempos para que los creyentes se queden encerrados en sus casas y en sus parroquias. Hay todo un mundo con sed de Dios, y una legión de marginados que espera un gesto y una palabra nuestra de esperanza. El cristiano no teme acercarse a quienes sufren. Es capaz de vencer el miedo a la cruz porque sabe que a través de ella viene la resurrección. Es lo que ha querido mostrar Francisco en su primera Semana como Papa, a través de multitud de pequeños y grandes gestos, como la celebración del Jueves Santo en un centro penal de menores, o el Vía Crucis del Coliseo, que había dejado encargado Benedicto XVI a jóvenes de la probada comunidad cristiana del Líbano. Hoy, domingo por excelencia, día de la resurrección de Cristo, comienza un tiempo fuerte en el Año de la Fe. El Papa pide a los cristianos que lo vivan con alegría, sin miedo a la incomprensión, sin vergüenza a mostrarse ante los demás con «corazón de niño».La Iglesia está alegre porque Cristo ha resucitado, y el mundo tiene que saberlo.

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