Boletín

SANTORAL 3 JULIO

El santo que metió la mano en el corazón y en las heridas de Jesús

Santo Tomás a veces fue escéptico, pero confesó al Señor Resucitado hasta dar la vida por Él

Señor Mio y Dios Mío
Jesús Luis Sacristán

Tiempo de lectura: 2'Actualizado 03 jul 2019

Dios no hace acepción de personas y acoge a cada uno como es. No importa su procedencia ni su forma de pensar basta que tenga un corazón sencillo capaz de acoger todo aquello que Dios le pida. Hoy celebramos la festividad del apóstol Santo Tomás, que albergaba en su interior una personalidad escéptica en algunas ocasiones, pero buscadora de la Verdad y que se arrodillaba ante Ella cuando la había encontrado, como le pasa en su vida con el Maestro. 

De oficio pescador, es uno de los Doce que siguieron al Señor. Cuando marchan a Jerusalén a resucitar a Lázaro, que ha muerto, mientras los demás discípulos no quieren ir porque las autoridades buscan a Cristo para matarle, él impulsa a los otros a ir y morir también con él. Y durante la institución de la Eucaristía en la Última Cena, muestra su desconocimiento del camino por lo que Cristo le tiene que responder que Él es el Camino, la Verdad y la Vida, y que nadie va al Padre si no es por Él.

Sin embargo, el momento más destacado y conocido es después de la Resurrección. El primer día de la semana, el Señor se aparece a los Apóstoles mostrándoles las manos y el costado, lo que les hace llenarse de alegría y creer en las palabras anteriores a su muerte acerca de que sería crucificado, resucitando al tercer día.

Como en ese momento Tomás no está allí, no da crédito a las palabras que le dicen los otros, por lo que desafía a Dios asegurando que sólo creerá si mete la mano en el agujero de los clavos y en su costado. Y precisamente a los ocho días, vuelve el Señor y le invita a tocar como pedía las señales lo que le hace exclamar: "¡Señor Mío y Dios Mío!" Una vez que el Señor asciende a los Cielos y recibe el Espíritu Santo, predica el Evangelio en La India, donde morirá mártir.

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