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SANTORAL 22 OCT

San Juan Pablo II: el Papa que fue santo hasta el último día

Karol Wojtila sobrevivió a los soviéticos y a los nazis. Todo, porque Dios lo quería y lo quiso para guiar a la Iglesia por el Nuevo Milenio. 

San Juan Pablo II: el Papa que fue santo hasta el último día

San Juan Pablo II: el Papa que fue santo hasta el último día 

Jesús Luis Sacristán

Madrid

Tiempo de lectura: 2'Actualizado 19 oct 2018

Hoy es la celebración de un Santo de aquellos que marcan buena parte de la historia. En este caso, del siglo XX y algo del XXI. Y es que impresiona ver el 16 de octubre de 1978 a un Cardenal joven que, con 58 años acaba de ser elegido Pontífice de la Iglesia Universal. Juan Pablo II, el Santo en cuestión, había nacido en Wadovice (Polonia) el año 1920.

Su nombre de pila es Karol y su apellido característico Wojtyla. Sus padres murieron en poco tiempo. Él era demasiado joven y tuvo que ser de esos hombres de raza fuertes capaces de hacer frente a las circunstancias con el debido temple. Polonia pasa por el yugo soviético y hay que sobrevivir. Y, por si fuera poco, estalla la Segunda Guerra Mundial y los nazis invaden su patria. Allí de hecho instauran uno de los campos de concentración más sanguinarios: Auswitz.

El joven Karol es fuerte y debe ganarse el pan trabajando como minero. Los ratos que le sobran tiene vocación teatral. Pero debajo de esto se esconde un hombre de profunda Fe que lee a Santa Teresa de Jesús y esa mística le dice: "Tú, cura, ¿por qué no?". Ingresa en el Seminario, se ordena sacerdote, se especializa en Filosofía, imparte clases y es consagrado obispo. Pronto será elevado a la dignidad de Cardenal de Cracovia y, a partir de ahí, su historia da un vuelco.

Asiste a finales de agosto al Cónclave para elegir al sucesor de San Pablo VI y retorna a su tierra. Pero, inesperadamente, muere el Papa Juan Pablo I y todo parece un nuevo aparente Cónclave. Pero el Cardenal polaco Wyszynski, ante la posible elección de Wojtyla, le dice “Si te eligen, acepta. Conducirás a la Iglesia al Nuevo Milenio”. Y dicho y hecho.

Esta reflexión es profética porque los cardenales ven en él la fortaleza de los tiempos que toca vivir. Su impacto ante la gente para decir no tengáis miedo. Sus cartas y exhortaciones. Sus viajes que hacen de él un verdadero misionero. Entre esos viajes, cinco tuvieron como destino España.

Pero la Cruz impactó fuertemente en él un 13 de mayo de 1981 cuando sufrió un atentado en plena Plaza de San Pedro del que salió milagrosamente gracias a sus palabras a la protección de la Virgen de Fátima a la que visitó un año después y le donó el proyectil que le habían extraído cuando dijo una mano disparó la bala y otro la guió. Su espíritu sacerdotal supuso un celo por las almas y por los sacerdotes a los que escribió unas cartas muy espirituales y entrañables.

Y uno de los eventos más propiciados por él fueron las Jornadas Mundiales de la Juventud donde se puso d erelieve su evidente sintonía con los jóvenes de todo el mundo. Cuando en los años 90 la enfermedad arreciaba en forma de achaques él continuó con su ministerio ejemplarmente santificando el Nuevo Milenio con el Jubileo 2000. Este impulsor de la Fiesta de la Divina Misericordia que experimentó y propagó su compatriota Santa Faustina Kowalska, muere el 2 de abril de 2005 en el sábado previo al Domingo de esta Festividad. Muchos grupos espontáneos surgieron bajo el grito de Santo Súbito esa misma noche. Su trayectoria y ministerio como Vicario de Cristo y Sucesor de San Pedro por espacio de 27 años le valieron el sobrenombre de “El magno".

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