XXI Domingo del Tiempo Ordinario, A

XXI Domingo del Tiempo Ordinario, A
Madrid - Publicado el - Actualizado
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Jesu?s pregunto? a sus disci?pulos: "¿Quie?n dice la gente que es el Hijo del hombre?" Ellos contestaron: "Unos que Juan el Bautista, otros que Eli?as, otros que Jeremi?as o uno de los profetas". E?l les pregunto?: "Y vosotros, ¿quie?n deci?s que soy yo?". Simo?n Pedro tomo? la palabra y dijo: "Tu? eres el Mesi?as, el Hijo del Dios vivo".
Jesu?s le respondio?: "¡Bienaventurado tu?, Simo?n,
hijo de Jona?s, porque eso no te lo ha revelado ni la
carne ni la sangre, sino mi Padre que esta? en los
cielos! Ahora yo te digo: tu? eres Pedro, y sobre esta
piedra edificare? mi Iglesia, y el poder del infierno
no la derrotara?. Te dare? las llaves del reino de los
cielos; lo que ates en la tierra quedara? atado en los
cielos, y lo que desates en la tierra quedara? desatado en los cielos" (Mt, 16. 13-19).
COMENTARIO
Ante tu pregunta directa, Sen?or, sobre que? pienso yo de ti y en que? estima te tengo, me veo reflejado en la respuesta de los tuyos, que evaden en un primer momento contestarte y se refugian en decir lo que otros piensan o hablan de Ti.
Es posible reducir la fe a una ideologi?a y permanecer en el mundo de las ideas cuando se trata del tema religioso. Y, sin embargo, a Ti no te interesa lo que otros escriban, o digan de Ti, sino que? pienso yo de ti, co?mo te percibo.
Hay momentos en los que, como Pedro, te confieso Sen?or, Hijo de Dios, Mesi?as, Salvador. En otros momentos surge dentro de mi? la relacio?n amiga, confiada, serena, compan?era de Tu? a tu?. Aunque se? quie?n eres, y profeso con la Iglesia que creo en Ti, Hijo u?nico de Dios, nacido de Mari?a Virgen, por obra del Espi?ritu Santo, cuando ma?s he sentido tu presencia y tu identidad ha sido en los momentos ma?s cri?ticos. En esas circunstancias, poder invocarte por saber de tu opcio?n por todos, me ha dado esperanza y ha brotado de mi? la su?plica, hasta el grito de auxilio confiado.
Reconozco que ha sido tu abrazo misericordioso el que me ha dejado sentir hasta do?nde llega tu poder, cuando en vez de dejarme arrastrar penosamente mi propia debilidad, Tu? me has hecho sentir el perdo?n y la amistad. Cuando andaba ma?s herido, me ha sorprendido precisamente sentir ma?s tu presencia.
Confieso tu divinidad y que estoy deseoso de seguir tu ensen?anza. Tu? sabes que acudo a ti como necesitado de saberme acompan?ado en lo ma?s profundo de mi ser. Debo reconocer que a veces se yuxtapone mi natural religioso con mi identidad creyente. En ocasiones, me duele percibir que mi relacio?n contigo pueda ser interesada, egoi?sta, autojustificativa, por oficio y no por amor.
Tu? me has demostrado tu providente acompan?amiento, salva?ndome de mi? mismo. De?jame entonces que te confiese Sen?or y Amigo; Maestro y Compan?ero; relacio?n esencial y necesitada. Aunque se? que si te confieso asi?, es por tu gracia y no por mi naturaleza.





