Recibid el Espíritu

Recibid el Espíritu

Redacción digital

Madrid - Publicado el - Actualizado

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"De repente, se produjo desde el cielo un estruendo, como de un viento que soplaba fuertemente, y llenó toda la casa donde se encontraban sentados" (Hech 2,2). Se celebra la fiesta de Pentecostés y los apóstoles están reunidos en Jerusalén. Los imaginamos preocupados, tras la aparente desaparición del Señor. Seguramente se preguntan cómo iniciar la misión que él les ha confiando.

El relato evoca la manifestación de Dios en el Sinaí. La tormenta es imprevista. Un fenómeno llegado del cielo sacude la percepción de los apóstoles. Sus oídos y sus ojos son interpelados por algo sosprendente. El trueno se deja "oír" por todos. Y a continuación, unas lenguas como de fuego se dejan "ver" sobre cada uno de ellos.

Es la presencía del Espíritu de Dios. Es como una nueva creación. Una nueva manifestación de lo divino. Una elección y una misión. Todos ellos parecen encarnar ahora la figura de Moisés. Pero ya no habrán de dirigirse solo al pueblo de Israel. Habrán de hablar a todas las gentes y serán entendidos por todas las lenguas.

EL ESPÍRITU ES LA FUENTE

El evangelio que se proclama en esta fiesta de Pentecostés (Jn 20,19-23) nos remite a aquel primer día de la semana en que Jesús resucitado se presentó en medio de sus discípulos y les deseó la paz. Ellos lo reconocieron al ver sus llagas y se llenaron de alegría.

Además, Jesús sopló sobre sus discípulos y les dijo: "Recibid el Espíritu Santo. A quienes les perdonéis los pecados, les quedarán perdonados; y a quienes se los retengáis, les quedarán retenidos".

ENVÍO Y TESTIMONIO

Pero antes de ese precioso encargo, Jesús manifiesta ante sus discípulos las credenciales que lo avalan: "Como el Padre me ha enviado, así también os envío yo". Es preciso conocer y reconocer lo que garantiza su autoridad y fundamenta nuestra responsabilidad.

– Señor Jesús, te damos gracias porque nos has elegido gratuitamente para continuar la misión que el Padre te ha confiado. Tú sabes que somos débiles y miedosos. Envíanos tu Espíritu para que nos dé la lucidez y la fuerza para ser siempre y en todo lugar testigos de la verdad y del perdón. Amén.

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