Lectio divina V Domingo Pascua, C (28-4-2013), por Ángel Moreno de Buenafuente

Lectio divina V Domingo Pascua, C (28-4-2013), por Ángel Moreno de Buenafuente

Redacción digital

Madrid - Publicado el - Actualizado

8 min lectura

Lectio divina V Domingo Pascua, C (28-4-2013), por Ángel Moreno de Buenafuente

La liturgia de la Palabra para la lectio divina del V Domingo de Pascua, C,

es Act 14, 21b-27; Sal 144; Apoc 21, 1-5a; Jn 13, 31-33a. 34-35

Contemplación

Señor, al comunicarnos la novedad, tu anuncio atrae el corazón humano. Sin querer, nos cansamos de todo acostumbramiento, y sentimos peso, a veces insoportable, cuando percibimos un ambiente anclado en la inercia y cuando se argumenta con "siempre ha sido así" para imponer formas y modos que nos parecen caducos.

¿Cómo se puede comprender la novedad que contiene tu mandamiento, si al decir que es norma, cabe la reacción emancipada porque por mucho tiempo se ha sentido el peso de las reglas, los reglamentos y las leyes?

Intuyo que lo que encontramos fascinante en tu anuncio de algo nuevo, no responde al consumismo que nos destruye y nos agota, en un afán desmedido de usar y tirar, de querer estrenar constantemente sensaciones.

Si Tú eres inmutable y eterno, y tus palabras contienen toda la verdad, ¿dónde está la novedad de tu anuncio? ¿Cómo disfrutar de lo imperecedero, por sentirlo como agua fresca, flor recién abierta, brisa suave??

Y comprendo que es en el corazón enamorado donde brota sin cesar el manantial transparente, y tu gracia aún es mayor si nuestras relaciones cristalizan en amor mutuo, que vence el odio, a la violencia y al resentimiento, porque no deja resquicio a la envidia, ni al orgullo, ni al amor propio, sino que en situaciones límite, todo se resuelve con el perdón mutuo, la ayuda fraterna, la compasión y la misericordia.

Reconozco que cuando

practico el mandamiento nuevo del amor, se cumple y se experimenta la descripción del vidente del Apocalipsis, porque se enjugan lágrimas, se acompaña el dolor, se potencia la capacidad de bondad, se alcanza la experiencia necesitada de saberse amado, se difunde el suave aroma de la atracción amiga, la consolación del alma.

En este momento, en el que tantas voces reclaman una nueva forma de evangelizar, seguro que acertaríamos a mostrar la novedad permanente del Evangelio al poner en práctica tu mandamiento en los espacios comunitarios, familiares, sociales, eclesiales. Comprendo que el secreto de la novedad reside en el amor que nos tengamos.

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