Homilía Día de los Fieles Difuntos (2-11-2014), por José-Román Flecha

Homilía Día de los Fieles Difuntos (2-11-2014), por José-Román Flecha

Redacción digital

Madrid - Publicado el - Actualizado

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Homilía Conmemoración de los Fieles Difuntos (2-11-2014), por José-Román Flecha

"La casa del Padre" es el título de la reflexión homilética del sacerdote y téologo José-Román Flecha Andrés para la conmemoración de los Fieles Difuntos (2-11-2014), por José-Román Flecha

"La misericordia del Señor no termina y no se acaba su compasión; antes bien se renuevan cada mañana. ¡Qué grande es tu fidelidad!" (Lam 3,22-23). Esa confesión de fe que se encuentra en el Libro de las Lamentaciones recoge los dos grandes atributos con los que Dios se presenta a sí mismo ante Moisés (Éx 34,6-7).

El poema recoge los lamentos de un hombre agotado, enfermo, próximo a los umbrales de la muerte. Sin embargo, no cae en el abatimiento y en la desesperación. Aun en esta situación tan difícil, su fe lo ayuda a confiar en el Dios misericordioso y fiel que no olvida a sus hijos.

El texto que hoy se proclama se cierra con unos versos en los que se repiten por tres veces las expresiones relativas a la esperanza. Hermoso ese último verso en el que nos parece descubrir la serena confianza del que sufre sin abandonar su fe: "Es bueno esperar en silencio la salvación del Señor" (Lam 3,26).

EL BAUTISMO Y LA MUERTE

Esta experiencia de la fe en momentos difíciles se hace especialmente llamativa en este día en que recordamos a nuestros hermanos difuntos. En la carta a los Romanos (6,3-9), el apóstol Pablo recuerda la vinculación entre la muerte y el bautismo. Al bajar a las aguas bautismales nos unimos a la muerte de Cristo y a la esperanza de su resurrección.

No es extraño que en la liturgia funeral se hagan presentes algunos ritos que nos recuerdan nuestro bautismo, como el manto que a veces cubre el ataúd, el encendido del cirio pascual, o la aspersión con el agua bendita. Evidentemente, no se trata de magia. Se trata de evidenciar aquello en lo que creemos.

Y creemos que la muerte al pecado nos une a la victoria de Cristo sobre el mal y sobre la muerte. Con razón exclama San Pablo: "Si hemos muerto con Cristo, creemos que también viviremos con él; pues sabemos que Cristo, una vez resucitado de entre los muertos, ya no muere más; la muerte ya no tiene dominio sobre él".

PROMESAS DE ESPERANZA

Es necesario insistir: no se trata de magia, se trata de fe. Así lo dice Jesús a sus discípulos en el evangelio que hoy se proclama (Jn 14,1-6): "Creed en Dios y creed también en mí". El Maestro se compromete con tres promesas que alientan nuestra esperanza:

– Padre nuestro celestial, escucha las oraciones que te dirigimos por nuestros hermanos difuntos y fortalece nuestra esperanza de participar en tu casa de la gloria que nos ha prometido Jesús, nuestro Señor y Liberador. Amén.

José-Román Flecha Andrés

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