Encuentro junto al lago, comentario homilético, 3º Domingo de Pascua, C (5-5-2019)

Encuentro junto al lago, comentario homilético, 3º Domingo de Pascua, C (5-5-2019)
Madrid - Publicado el - Actualizado
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Encuentro junto al lago, comentario homilético, 3º Domingo de Pascua, C (5-5-2019)
"Hay que obedecer a Dios antes que a los hombres. El Dios de nuestros padres resucitó a Jesús, a quien vosotros matasteis, colgándolo de un madero? Testigos de esto somos nostros y el Espíritu Santo, que Dios da a los que le obedecen". Esta es la respuesta de Pedro al sumo sacerdote que prohíbe a los apóstoles enseñar en el nombre de Jesús (Hech 5,27-41).
Su palabra es realmente profética. Anuncia la resurrección de Cristo. Y denuncia la injusticia de quienes lo condenaron a muerte. Y eso, con la plena conciencia de que ese ministerio profético les ha de costar perscuciones y castigos. Pero la fidelidad a la llamada de Dios está por encima de las normas y las prohibiciones de los hombres.
Pero en las palabras de Pedro hay además otro punto importante. Él y sus compañeros se consideran testigos del misterio y de la misión de Jesucristo. Y para serlo de verdad, el testigo ha de estar ahí y ser diferente. La valentía es una nota distintiva del testigo. Con razón se canta en el salmo: "Te ensalzaré, Señor, porque me has librado" (Sal 29,2).
CUATRO PASOS
El evangelio que se proclama en este domingo tercero de Pascua (Jn 21,1-19) consta de cuatro partes: la crisis de siete discípulos de Jesús que se retiran al lago, el encuentro con el Señor, las preguntas a Pedro y el encargo que le confía Jesús, y finalmente la pregunta por la suerte del discípulo amado. En muchas celebraciones se leerán solo las dos primeras.
LA PRESENCIA DEL MAESTRO
Son siete los discípulos que se vuelven al lago de Galilea. Ese es el lugar en el que se desarrolla la escena del encuentro con Jesús. Allí pescaba Simón en otros tiempos. Y allí regresa, como si tratase de olvidar el tiempo vivido junto a Jesús.
– Señor Jesús, resucitado de entre los muertos, sabemos que tú nos buscas y nos llamas a pesar de nuestros olvidos y traiciones. Tus palabras y tus gestos hacen evidente tu presencia de Maestro entre los que queremos ser tus discípulos. No permitas que nos alejemos de ti. Amén. ¡Aleluya!
José-Román Flecha Andrés





