Carta de Adviento 2014 desde Buenafuente del Sistal

Carta de Adviento 2014 desde Buenafuente del Sistal

Redacción digital

Madrid - Publicado el - Actualizado

2 min lectura

Carta de Adviento 2014 desde Buenafuente del Sistal

Querido Amigo de Buenafuente:

En medio de tantas noticias de guerras, genocidios, deportaciones, migraciones, enfermedades, pobreza, hambre, conculcación de los derechos humanos, que solo con sus titulares producen preocupación y tristeza, la Liturgia se atreve a invitarnos a un tiempo de esperanza.

La propuesta de la Iglesia no es evasiva, ni ajena a las realidades sociales más dramáticas. No cierra los ojos ante el mal. Pero tampoco se queda atrapada en el presentismo intrascendente, sino que nos anuncia una dimensión superior que transforma la realidad, por oscura que sea, en horizonte esperanzador.

La esperanza cristiana se funda en el cumplimiento de las promesas de Dios a su pueblo, que tienen su máxima realización en la venida del Salvador del hombre, de quien revela el amor de Dios, asumiendo toda la contingencia humana y divinizándola.

Por el anuncio que hace la Iglesia en este tiempo de Adviento, la confianza no es buenismo irreflexivo, sino adhesión creyente a la Palabra de Dios, a lo que anunciaron los profetas desde antiguo, que se convierte en acontecimiento por la Encarnación del Verbo de Dios, su Hijo hecho hombre, nacido de mujer, que al asumir la naturaleza humana nos eleva en su carne a la filiación divina.

El mundo, la historia, el hombre no están destinados a la destrucción, ni pueden ser víctimas de la barbarie. Siempre cabe una propuesta de paz, un gesto de amor, una palabra amiga, una mano tendida, una generosidad gratuita, un sentido trascendente, un signo de esperanza.

Santa Teresa de Jesús, en medio de circunstancias nada fáciles, en lo que ella llamaba tiempos recios, nos ofrece el testimonio de su actitud confiada y creyente, en quien sabemos que nos ama. La Fundadora, con el aval de la fe en su Señor, nos confiesa: "Tampoco tenía casa, ni cómo la tener. Hela aquí una pobre monja descalza, sin ayuda de ninguna parte, sino del Señor, cargada de patentes y buenos deseos y sin ninguna posibilidad para ponerlo por obra. El ánimo no desfallecía ni la esperanza, que, pues el Señor había dado lo uno, daría lo otro. Ya todo me parecía muy posible, y así lo comencé a poner por obra" (Fundaciones 2, 6).

La maestra y doctora Santa Teresa de Jesús nos dicta un lema que podríamos tener para este tiempo: "En silencio y esperanza procurar vivir siempre" (Moradas III, 2, 13).

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